Violencia electoral

Por: Francisco González Bolón

Aunque en Sonora no hubo muchos casos de asesinatos por razones electorales, en el país se reporta que cinco mil 259 aspirantes a un puesto de elección popular a nivel local y 444 a nivel federal fueron sustituidos.
La principal causa, según los reportes del Instituto Nacional Electoral (INE), fue la violencia, al grado de que se registraron por lo menos 48 asesinatos de candidatos, principalmente en Guerrero, con 14 muertes.
Le siguieron Michoacán, Oaxaca y Puebla, con cinco, así como Estado de México y Jalisco, con 4; Guanajuato, tres; Chihuahua y Colima, dos, y Coahuila, Quintana Roo, San Luis Potosí y Sinaloa, uno.
El asesinato del esposo de una candidata en Sonora no es contabilizado, porque no era el aspirante, pero hay que agregarlo a la lista de hechos violentos, que se suman al acoso cibernético contra aspirantes mujeres, de Caborca y Hermosillo, principalmente.
Es decir, solamente en dos estados del país no hubo violencia electoral, lo cual es preocupante a pesar de que desde este miércoles entró en vigor la llamada veda que impide a los candidatos seguir pidiendo el voto.
Un detalle que las autoridades no han tomado en cuenta a la hora de registrar la violencia electoral es la que cada minuto del día se deja ver a través de las redes sociales.
No termina un simpatizante de determinado candidato de subir una fotografía o un texto cuando ya le están diciendo hasta de qué se va a morir.
A esas personas tan apasionadas y fanáticas habría que decirles: no se la tomen tan en serio.
Es cierto que en estas elecciones se juega el futuro del país y hay que elegir entre el menos malo y el peor, pero de cualquier modo no vale la pena enemistarse con el vecino, el amigo o el familiar si aquellos aspirantes a los que defienden, se arreglan en las cúpulas del poder.
Usted puede estarle pidiendo el divorcio a su esposa sólo porque simpatiza con un color, mientras en algún lugar del país ese candidato está en íntima plática con los de otros colores o partidos.
¿Es socialmente redituable, entonces, alentar la violencia electoral si sus principales protagonistas se la llevan, como se dice en el argot popular, de pellizco y nalgada?
La violencia que llevó a terminar con la vida de tantos candidatos tiene que ver con intereses políticos, económicos y, me atrevo a decir, hasta gansteriles.
Pero la que se vive a nivel popular solamente es de apasionamiento y deseos porque “nuestro gallo” sea el ganador.
A ninguna de las dos violencias hay que entrarle.
Hay que votar, sí, para mejorar el rumbo de este país, pero alejados de prejuicios, de rencores, de apasionamientos sin sentido, pero, sobre todo, con la mente puesta en que gane quien gane, al ciudadano le seguirá yendo como en feria porque eso de que “estaremos mejor” con X o con Y, está por verse.
Fueron promesas de campaña, pues.
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