Una tradición familiar

Una tradición familiar

El “pan de mujer” es un producto 100% sonorense, que lo puede encontrar a media hora de Ciudad Obregón, en El Pueblito km. 9, donde te reciben los hornos sobre la carretera

Por: Luz del Carmen Paredes

Desde hace más de 20 años, doña Petra Oroz Corrales inició con la venta del “pan de mujer”, como se le conoce también a las cemitas, así como de las empanadas de calabaza y piloncillo, y los deliciosos coricos, empanaditas y coyotas, tradición que ha pasado de generación en generación. Ahora, sus hijos y sus nietos forman parte de este negocio familiar.

 

Desde que llegas al Pueblito Km. 9, rumbo a la Presa Álvaro Obregón (Oviáchic), se pueden ver los hornos sobre la orilla de la carretera, donde está saliendo el pan calientito, listo para disfrutarlo, invitando a los paseantes a detenerse a comprar estos productos y llevar a los paseos, o bien a su casa al regreso, para acompañarlos con una taza de café.

“Mapetra”, como la conocen en Pueblito, comentó que todo los días quienes pasan por la comunidad pueden encontrar el pan, pero los fines de semana es cuando más se vende.

“Yo enseñé a mis hijos, y ahora mi nieta Dania Ochoa Acuña está al frente del negocio, en el que participan también sus papás. Desde muy temprano inician las actividades: primero para preparar la pasta de calabaza, el piloncillo y amasar la harina, que tiene que estar en su punto. Aquí todos participamos”, señaló.

Agregó: “vienen personas de todas partes a comprar pan; muchos lo mandan a sus familiares que están fuera porque les gusta”.

 

ELABORACIÓN ARTESANAL

Estos productos se realizan de manera artesanal, todo se hace a mano. “Mi mamá y yo somos las encargadas de amasar la harina y posteriormente elaborar las empañadas de piloncillo y calabaza. Mi abuela elabora coricos, empanaditas y coyotas, y mi papá es el encargado de hornear”, detalló su nieta.

Es todo un proceso para que puedan llegar a las mesas donde se comercializan, desde el tipo de leña que se va a utilizar para hornearlos; por eso se han mantenido en el mercado, dijo.

 

Las empanadas y el “pan de mujer” se venden a 30 pesos la bolsa, al igual que las coyotas, coricos y empanaditas.

HORNEADO EN LEÑA

Por su parte, Víctor Manuel Ochoa Oroz explicó que el horneado del pan también tiene su punto, “y tienes que saber desde cuánta leña vas a colocar en el horno y el tiempo, y que esté listo para dar espacio a la charola con el pan, para empezar el proceso. Es un trabajo conjunto, todo tiene que estar bien para poder ofrecer el producto de calidad que la gente está acostumbrada a recibir”.

“El horno tradicional le da un sabor especial al pan, y por eso la gente lo prefiere. Todos tenemos nuestros clientes, y eso es lo que ha mantenido esta tradición”, resaltó.

“Mi esposa, Mireya Azucena Acuña Lemus, y mi hija, Dania, han aprendido el arte de hacer el pan, como nos enseñó mi madre, doña Petra, como también a mis hermanos y esperamos que siga de generación en generación, porque es una tradición que nos da identidad”, concluyó.

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