Una remignton sin ch

Una remignton sin ch

Por: Gaspar Juárez López (+)

En noviembre 19 de 1949, recibí una carta de comisión para trasladarme a la Jefatura de Zona del Banco Nacional de Crédito Agrícola, con el fin de colaborar en el acorrientamiento de la contabilidad y auditar la costalera existente.
En aquel entonces fungía como Agente del Banco en esta ciudad mi entrañable amigo y maestro, ingeniero Benjamí L. Lagarda, un caballero con toda la barba, desgraciadamente ya desaparecido, y su servidor tenía la cartera de Ayudante de Contador.
Otro día me presenté en las oficinas de la Jefatura de Zona que ocupaban un caserón de dos plantas, muy cerca del Palacio Municipal. En su fachada advertí una placa metálica en referencia histórica de una visita del presidente Venustiano Carranza y del discurso que pronunció desde una de los ventanales. Hoy me entero que dicho inmueble fue el hogar de mi general Alvaro Obregón y como debe ser, fue restaurado para servir de museo histórico del Invicto de la Revolución.
Pues bien. Al saludar al titular, ingeniero Ismael Flores Aguillón, a su contador, otro añorado amigo cariñosamente conocido como “Mi Lianchi” o sea Adrián Talamante Murillo, presenté mi carta de trabajo, por supuesto que salpicada con agradable charla.
Por ahí detrás de una mampara de madera, oí el repiquetear de una máquina “Remington” cual si la estuviera picando una gallina.
Como dicen algunos “n un momento dado” paró el repiqueteo como señal de “rascabuchar” las pláticas preliminares por el manejador de la máquina de escribir.
En voz baja pregunté “que si quién era ese señor”. A lo que me contestaron:
-Es un señor que la oficina matriz nos envió como Inspector de Campo.
-¿Cómo se llama?
-Salvador Figueroa.
Creo que el mencionado, era del sur de Veracruz y muy amante de meticharse en todo.
Como el ingeniero Flores Aguillón consideró que no había terminado el reporte, le gritó a Salvador:
-¡Qué pasó Figueroa! ¿por qué no sigue escribiendo?
No supimos si lo que contestó fue como un recurso sacado de la manga o realmente fue por “tarugo” y con voz “aguachada” exclamó.
-Es que señor ingeniero… no encuentro la ch.

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