Sobreviven en la pobreza

Sobreviven en la pobreza

No tienen luz eléctrica ni agua potable

 

 

 

Oviel Sosa

A un costado del Canal Alto, en una humilde casita hecha con pedazos de lámina, vive la señora Rosa Virginia Velarde Aguilera, junto con su esposo y dos hijos, uno de 10 años y el otro de 14. No cuentan con servicio de agua entubada ni energía eléctrica. Su situación es difícil porque viven en extrema pobreza.

 

 

La señora, de 40 años de edad, relató que hace aproximadamente 8 años comenzó a fincar su modesto hogar, junto con su pareja, con el objetivo de proporcionarle un techo a sus hijos.

 

 

La mayoría de los habitantes de la comunidad, que se conoce como Granjas MICA, cuenta con energía eléctrica, pero doña Rosa y su familia tienen que hacer fogatas para alumbrar su morada.

 

 

Las Granjas MICA es un asentamiento humano que se localiza al oriente de la ciudad, a un costado del Canal Alto, tiene más de 60 años fundado. Carecen de servicio de agua potable, cada semana, una pipa del Ayuntamiento otorga alrededor de 600 litros por familia, para que cubran sus necesidades básicas.

 

 

El agua que le llevan, doña Rosa la almacena en unos tambos para administrarla de forma celosa, porque sabe que el servicio a veces es irregular. El líquido que reciben lo hierve y lo usa para beber y cocinar. Con el agua del canal se bañan, lava la ropa y la usa en el aseo de su casa.

 

 

“Teníamos más de un mes que no nos traían agua, antes cada semana lo hacían, pero ahora nos dijeron que estaban las pipas descompuestas y que la cuidáramos mucho, porque a lo mejor ya no iban a poder traernos cada semana”, expresó.

 

 

Su esposo es jornalero y con el dinero que percibe de su labor le alcanza para comprar lo mínimo para sobrevivir. Su menú del día se basa en frijoles y cuando tienen algún capital extra compran un refresco en la tienda.

 

 

De acuerdo a datos proporcionados por Oomapas de Cajeme, en verano, una persona consume 350 litros de agua por día, una cifra que se encuentra muy lejos de las expectativas de doña Rosa y de la gente que habita en las Granjas MICA. Ellos, con 600 litros a la semana o a veces hasta menos, tienen que subsistir y hacer uso correcto del líquido porque no se pueden dar el lujo de desperdiciar ni una gota. Antes en las Granjas Micas se podían observar muchos establos dedicados a la engorda de vacas, cerdos y pollos, pero en la actualidad muchos de esos negocios ya están abandonados, por lo que sus habitantes no tienen muchas opciones de empleos y su nivel de vida está rodeado de carencia.

 

 

“Los jóvenes se van al rastro a trabajar” expresó una señora.

 

 

En las Granjas MICA viven alrededor de 300 familias, a quienes no les gustaría volver a pasar por el problema de quedarse sin agua

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