Rebeliones armadas en el Mayo

(Director del Hospital General de Navojoa)

La región sur del Estado de Sonora fue partícipe de tres grandes rebeliones armadas que costaron cientos de vidas, gran cantidad de heridos y múltiples familias fragmentadas. Las tres tuvieron en los mayos y yaquis varios factores en común que desencadenaron conflictos armados en distintas épocas: despojo de sus tierras y explotación laboral por parte de los colonizadores españoles, etnocidio y deportación masiva durante el porfiriato, trato cruel e inhumano en las minas y cultivos en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, cacicazgos en el comercio y la política y, por último, la inconformidad generalizada hacia el Gobierno Federal encabezado por Porfirio Díaz y a sus fieles adeptos en los estados y municipios que, si bien es cierto, durante muchos años estabilizó y trajo progreso al país, después se obsesionó en permanecer en el poder y se convirtió en un Gobierno dictatorial.
Después de la expulsión de los jesuitas de la región del Mayo en 1767 ya nada volvió a ser igual, sin la protección de los misioneros los colonos ya establecidos, y la oleada de otros más que llegaron, se incrementó su sed de expansión y posesión de tierras fértiles con la consecuente reacción de mayos y yaquis.
Esto provocó la primera gran rebelión de 1825-1832 con Juan Banderas, del pueblo de Rahum, como el líder más destacado y cuya proclama era agrupar a todos los grupos étnicos del noroeste de México: mayos, yaquis, ópatas, pimas, eudeves, pápagos, piatos, seris y apaches para enfrentar a los españoles “ladrones de tierras” (Sonora, Historia Breve. Ignacio Almada Bay, tercera edición 2011, El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica). Esta lucha armada la encabezarían posteriormente otros líderes indígenas como Cajeme, Tetabiate, Luis Buli, José Zarapero, Juan Tebas y Manuel Torigoqui.
Así como el porfiriato trajo esperanza y prosperidad durante los primeros lustros de su Gobierno, también provocó descontento y decepción conforme aumentaba su política de represión hacia grupos opositores, la prensa y, de manera muy particular, hacia los mayas en el sureste y los mayos y yaquis en el noroeste del país. Este ambiente desfavorable hacia Porfirio Díaz y sus seguidores se acentuó hacia principios del siglo XX y fue aprovechado y capitalizado por el movimiento anarquista, encabezado por los hermanos Flores Magón, que se empeñaría en provocar desde 1906 una revolución social a través de la formación de grupos armados organizados por el Partido Liberal Mexicano.
El primer acercamiento de Ricardo Flores Magón con los yaquis se dio en 1903 a través de Adolfo de la Huerta (en ese tiempo magonista), quien a su vez se entrevistó con Fernando Palomares, indígena mayo cercano a los hermanos Flores Magón, para que difundiera las ideas revolucionarias entre los yoremes en búsqueda de la restitución de su territorialidad (Memorias de Don Adolfo de la Huerta: Según su propio dictado. Edición facsimilar. INEHRM. México 2003). Los levantamientos armados de mayos y yaquis se consideran la segunda gran rebelión y precursora, además, de la revolución maderista de 1910.
Después de conocer los resultados de las elecciones presidenciales de junio de 1910 con el supuesto triunfo (una vez más) de Porfirio Díaz como presidente y el alamense Ramón Corral como vicepresidente, estallaría la Revolución Mexicana el 20 de noviembre de ese mismo año.
En esta lucha armada, la tercera gran rebelión, participaron gran cantidad de indígenas mayos y muchos hacendados, comerciantes y políticos de la región del Mayo, que se sumaron a la causa revolucionaria y algunos pagaron con su vida la defensa de sus ideales libertarios y democratizadores. Nombres como Severiano Talamante y sus hijos Arnulfo y Severiano, Benjamín G. Hill, Flavio, Ataulfo y Ventura Bórquez, Demetrio y Gorgonio Esquer, Guillermo y Roque Chávez, Fermín Carpio, Ramón Gómez, Ignacio y Juan Pacheco, Fernando Talamante Monzón, Camilo Félix y varios integrantes de la familia Granados (de San Pedro) figuran en esa lista de hombres ilustres que tomaron las armas y se lanzaron a la lucha.
La revolución maderista representó la libertad para los mayos según testimonio del Sr. Eleuterio Cázares Moroyoqui, recogido por Don Manuel Hernández Salomón en su libro Navojoa. Cronología y Testimonios (1533-1915): “Ese Benjamín Hill y Severiano Talamante los reconozco como los que nos quitaron la esclavitud. Yo tenía como diez años y me acuerdo de eso”.

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