Pedro Méndez, el jesuita del mayo

A más de 400 años del arribo a la región del Mayo del misionero jesuita Pedro Méndez, es grato que un misionero franciscano capuchino, originario de Nueva York, con más de 25 años de vida misionera entre los pimas, yaquis, mayos y guarijíos, David Joseph Beaumont Pfeifer nos recuerde en su libro “Apóstol de Sonora” (2013) la deuda de gratitud que tenemos los habitantes de esta región con este padre jesuita.
De entre todos los religiosos que estuvieron en estas tierras del sur de Sonora, él destaca por su gran labor evangelizadora, las aportaciones al desarrollo agrícola, las transformaciones en la estructura social, la fundación de varias misiones, y el respeto y cariño que le profesaban los mayos, además de trascender en la memoria colectiva a través de las siguientes generaciones.
El padre Pedro Méndez, originario de Vila Vicosa, Évora, Portugal, nació en 1555 ó 1558 y llegó a nuestro país el 8 de octubre de 1588 sin haber terminado aún su formación sacerdotal. Continuó con sus estudios teológicos en México y fue ordenado sacerdote en Puebla en noviembre de 1592 por el obispo de Tlaxcala, Don Diego Romano.
Gran parte de la información que existe sobre este personaje se conoce gracias al padre Andrés Pérez de Ribas (1576-1655), quien fue un sacerdote jesuita y escritor de obras de contenido religioso y fuente también de conocimiento étnico e histórico de los pueblos del norte de México.
Volviendo a la vida y obra del padre Pedro Méndez, existen registros de que fue enviado como misionero a Sonora en 1614, donde inició la evangelización en el pueblo de Camoa y fundó siete pueblos con los mayos por la orilla del Río Mayo. Después, continuó con los yaquis en 1617, a petición de ellos mismos, quienes dijeron “… que rendirían su ferocidad al suave yugo del evangelio, con la condición de que entrasen solos los padres sin el socorro de las armas…” (“Noticias de Sinaloa” escritas por un jesuita desterrado en 1769, citado en Diccionario Bio-bibliográfico de la Compañía de Jesús, del padre Francisco Zambrano, 1969). Posteriormente, desde 1628 trabajó con los sisibotaris en los pueblos de Sahuaripa y Bacanora, donde evangelizó por 10 años.
El historiador jesuita padre Gerard Decorme, refiriéndose al padre Pedro Méndez, resume muy bien su obra: “Anduvo en mula dos mil leguas, atravesó por tribus de 40 diferentes lenguas, predicaba muy bien en 5, construyó 20 iglesias, bautizó 30 mil mayos y evangelizó en los 4 ríos”. Otro autor, Ernest J. Burrus, escribió en 1953 sobre el padre Méndez: “…enseñaba a la gente a leer, escribir, cantar y acolitar en la iglesia”.
Sin embargo, es el testimonio del propio padre Pedro Méndez, el que refleja el sentir a su llegada con los mayos: “No había sabido que cosa son los mayos, hasta que despacio voy bautizando adultos; y bendito sea Nuestro Señor, tengo diez y siete indios principales bautizados, y de todos puedo decir que son de los mejores cristianos que me parece he tenido en todas las misiones en que he estado”.
Recientemente, Manuel García Madrid, en su libro “El Señor del Palofierro” (2008), escribió sobre el padre Pedro Méndez “…con letras de oro su nombre debe de figurar como el de padre benefactor del Estado de Sonora”.

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