Para bien o para mal,…

… el país inicia una nueva era en su vida democrática.

 

 

Una nueva oportunidad para construir un mejor México.

 

 

Atrás deben quedar los resabios, las enemistades partidistas y la miopía política.

 

 

Todos los ciudadanos están obligados a participar en la conquista de lo que con su voto expresaron.

 

 

Habrá obstáculos, inercias y patadas debajo de la mesa, pero nadie debe echarse hacia atrás.

 

 

Es importante, por supuesto, haber votado por alguien diferente. Podría ser el inicio de las transformaciones el arribo de un hombre de izquierda a la Presidencia de la República.

 

 

Pero es innegable que se requiere algo más. Un solo hombre no puede tener encima todo el peso para lograr los cambios.

 

 

Se requiere, ante todo, que el cambio inicie en cada ciudadano.

 

 

Dice alguien por ahí que mientras cada mexicano esté dispuesto a seguir con costumbres de corrupción, de, y perdonadme la expresión, “valemadrismo”, apatía para avanzar, ni aunque Dios fuera el Presidente, este país caminaría hacia mejores modelos de democracia y desarrollo.

 

 

En cada ciudadano está el cambio. Si desde ahí no se logra, seguiremos igual.

 

 

Por supuesto que a muchos les tomó por sorpresa la aplanadora morenista. Son buenos los cambios. Lo malo es que entre los nuevos integrantes de la “dinastía política” hay algunos que, la verdad, no tienen la cultura ni la preparación para la metamorfosis necesitada.

 

 

¿Cómo confiar, por ejemplo, en alguien que golpea mujeres o roba cervezas? ¿Podrá legislar sobre la protección hacia el sector femenil o las estrategias para disminuir la violencia?

 

 

En este momento de la historia, Sonora necesita legisladores de altura, capaces de trascender, con sus propuestas, los tres años que estarán ocupando un lugar en el Congreso del Estado.

 

 

Desafortunadamente el hartazgo social ha puesto sobre las rodillas al país entero. Darle todo el poder a un solo hombre, con la mayoría en el Congreso de la Unión o en la legislaturas de los estados, ha sido un enorme error.

 

 

Requiere la democracia equilibrios que le ayuden a estar sana. Y ahora que ha nacido un nuevo partido mayoritario, quiero confiar en que no será el regreso al Parque Jurásico del PRI.

 

 

Ojalá los nuevos legisladores y gobernantes entiendan que el horno no está para bollos. Que si la sociedad decidió mayoritariamente nuevos derroteros políticos, es porque se requieren y no hacen falta ensayos o remedos de gobierno sino acciones concretas para llevar a este país a otros niveles.

 

 

Y, reitero, debemos de empezar por transformarnos nosotros mismos. Si cambiamos el pedazo del mundo que nos ha tocado, esa fuerza colectiva hará que el mundo entero cambie. Así de sencillo.
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