Nuevo ciclo: escuelas, ¿para qué?

Rafael Robles Flores (Director del Tec de Monterrey Unidad Navojoa)

“La crisis no es propia de la educación sino es crisis de la sociedad toda, es la
crisis del sistema socioeconómico en el cual estamos insertos”. Paulo Freire, pedagogo brasileño.

Esta semana inicia oficialmente el ciclo escolar 2018-2019. De nuevo las prisas de estudiantes, padres de familia y profesores serán la pauta cotidiana desde temprana hora en torno a la escuela.
Los alumnos, al llegar diariamente a su escuela, no estarán pensando necesariamente en las materias que van a estudiar sino en las relaciones con sus amigos, jugar en equipo, bromear o saber sobrevivir. En este sentido, la escuela proporciona saberes, pero principalmente sirve como un laboratorio de relaciones interpersonales y de habilidades sociales.
Para Vidal Schmill (2011), la escuela es la institución social que representa el pasaporte para ingresar al futuro y es el sitio donde muchos estudiantes pueden adquirir hábitos útiles para hacer frente a su vida. Sin embargo, afirma este pedagogo que los saberes sin valores que encaucen a los alumnos pueden ser peligrosos. Esto puede significar que las personas con conocimientos lleguen a ocupar puestos de poder y los utilicen con fines destructivos para su entorno social, político o económico. Ejemplos de lo que menciona Vidal hay muchos en la realidad mexicana de las últimas semanas.
De ahí que muchos expertos en educación señalan que en la escuela los valores son punto de partida y su fin. Es decir, la ciencia sin conciencia es peligrosa.
Alcanzar la excelencia académica es un factor clave para el futuro profesional y económico del estudiante, pero el dinero o el éxito profesional no sustituirán el valor que tendrá para su vida desenvolverse como un buen padre o madre de familia, un buen hijo, un buen jefe o compañero de trabajo, un buen ciudadano o buena persona.
Rafael Bisquerra (2010) señala que el sistema educativo está más interesado en enseñar conocimientos que en saber si los jóvenes estarán vivos la semana que viene para poderlos utilizar. Comparte que manifestaciones del analfabetismo emocional entre estudiantes son: depresión, ansiedad, estrés, suicidios, violencia, alcoholismo, drogas, desórdenes alimenticios, etc. Por eso manifiesta que es urgente la alfabetización emocional y ética en las nuevas generaciones.
Es indispensable, por lo tanto, incluir en los programas escolares el desarrollo de habilidades para la vida y no sólo para que se aprueben los exámenes. Es esencial proporcionar a los estudiantes competencias y habilidades sociales que les permitan tomar decisiones acertadas en sus respectivas vidas.
Frente a tantos problemas de corrupción, inseguridad, hartazgo del sistema político, bullying, adicciones o desintegración familiar, urge desarrollar la inteligencia emocional, moral y social en las instituciones educativas.
Si continuamos en las escuelas haciendo énfasis sólo en los saberes más no en la formación ética y ciudadana, nos esperan años muy complicados en el tejido social mexicano.
La esperanza de transformar nuestra sociedad mexicana está en apostarle al futuro y el futuro inicia en las nuevas generaciones con la educación integral que reciban los chicos en la escuela y en la familia. Usted, ¿qué piensa?

Twitter: @rafaelroblesf

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