Navojoense en la cima del Everest

Navojoense en la cima del Everest

David Guirado cumple su sueño

Por: Ma. Guadalupe Vázquez

David Omar Guirado Vázquez, de 26 años de edad se convirtió en el primer navojoense en conquistar la cima del Monte Everest, Nepal, el pico más alto del mundo, con ocho mil 844 metros sobre el nivel del mar (msnm).

Tras regresar de su viaje que emprendió en el continente asiático a Navojoa, nos relató la vida desde el campamento base del monte.

La hazaña de David Omar fue realizada en 14 días, durante los cuales se preparó por días en el campamento para realizar el ascenso.

“Mi mayor sorpresa con el Himalaya es que es completamente distinto a como lo idealizaba. Tenía la idea de que casi en la totalidad del trayecto me encontraría de frente con una tundra nevada, pero Sagarmartha en gran parte está conformado por un terreno boscoso. Sabía que era una cordillera grande, pero mi imaginación no podría recrear tales dimensiones todavía”, relató.

Mencionó que “si bien el Everest es el protagonista imponente y colosal, el Himalaya es mucho más que esa montaña, pues hay más de 100 cumbres por encima de los siete mil metros sobre el nivel del mar, diferentes rutas, lagos y aldeas”.

La frase cliché, dijo, “no escales la montaña para que todo el mundo pueda verte, sino para que tú puedas ver a todo el mundo”, siempre me ha parecido carente de sentido y hoy más que nunca, pues detrás de un ascenso hay cosas de mayor importancia que la opinión de terceros o una contemplar una bonita vista, hay un reto con uno mismo”, detalló.


Explicó que la base del reto se compone de sueños, entrenamiento, ahorro, disciplina alimenticia; es decir, todo tipo de preparación física y mental al alcance, que “te empujan a moldear una mejor versión de ti mismo”.

“La verdadera experiencia del Himalaya no es en solitario, siempre se comparte”, expresó.

Recodó que en el noveno día del recorrido, “nos tocó salir de excursión de madrugada al Kala Patthar, donde tanto celular como cámara de acción se congelaron y dejaron de funcionar, el único recuerdo de esa madrugada está plasmado por siempre en mi memoria”.

En cuanto al trayecto al Everest, dijo: “Cada instante que el cuerpo me exigía detenerme a agarrar aire y frenar mi ritmo cardiaco, caía en cuenta del lugar en donde estaba, de cuánto había soñado con ese momento y cuánto me había preparado para ello; esos momentos de la vida valen más que cualquier carro del año o cualquier ropa de marca; en momentos como ese he encontrado mi felicidad, por todo el proceso que hubo detrás”, expresó.

Agregó que para beber agua usaban pastillas y/o popotes purificadores, pues las botellas del líquido son demasiado caras y la de los ríos no está contaminada todavía.

Las jornadas de ascenso pueden variar de intensidad y longitud, “en todos los casos hay que llevarla tranquilo, a pesar de que te sientas bien y que puedes dar más, no debes forzar tu cuerpo para no exigirle mayor cantidad de oxígeno de la que puede obtener. A partir de los cuatro mil metros sobre el nivel del mar apenas el 60 por ciento del aire que respiras es oxígeno y cada vez el cuerpo se cansará más rápido a menor esfuerzo”.

David Omar recordó que todos los días y a todas horas hay evacuaciones por helicóptero, por el mal de altura. En el mejor de los casos, el seguro cubre todo; en desafortunado caso, de no contar con uno, te costará hasta 90 mil pesos y, en el peor de los casos, te cuesta la vida.

Relató que “hubo un momento de desesperación de tanto tiempo sin ver gente, pues caminé una hora sin ver a absolutamente nadie y la vereda se borraba a ratos por lo mojado y por las recientes nevadas, (si no veo a nadie después de esta montaña, me regreso) me dije a mí mismo, durante tres montañas seguidas sin obtener respuesta favorable”.

“Pero ya estando a los cinco mil metros sobre el nivel del mar uno no puede malgastar energías para subir más montañas con la finalidad de comprobar; lo más seguro es seguir avanzando en el terreno parcialmente plano. Afortunadamente estaba en el camino correcto, y tras 10 minutos de andar pude ver banderas que me anunciaban la llegada al pueblo”, dijo.

Al estar en la cima y lograr su reto o sueño, asegura que es una experiencia inolvidable que cualquier joven puede llegar a cumplir, y a través de sus anécdotas de su pasaje por llegar a la cima, espera motivar a cientos de jóvenes no sólo de esta ciudad o del Estado, sino del mundo para llegar a la cima del Monte Everest.

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