México necesita un vecino estable y próspero en el Caribe

México necesita un vecino estable y próspero en el Caribe

EL UNIVERSAL.-

Un día después de que tomó juramento, el 20 de abril, como nuevo presidente de los consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez recibió una llamada telefónica del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quien lo felicitó por su elección parlamentaria.

 

 

Peña Nieto reiteró la disposición de nuestro país para profundizar el diálogo político, la cooperación y los intercambios comerciales y de inversiones con el vecino del Caribe.

 

 

Aparte del lenguaje diplomático cuidadosamente elaborado, la breve conversación protocolaria entre Peña Nieto y Díaz-Canel destaca la relevancia de una antigua, rica y multifacética relación que se remonta a la época colonial y que ha sido fructífera en ambos lados del Canal de Yucatán para extender su influencia y, quizá de forma más importante, para equilibrar su trato siempre difícil con EU.

 

 

La historia nos brinda numerosos ejemplos de esta fructífera relación mutua con una dimensión multilateral, como ocurrió en plena Guerra Fría en 1962—el año de la Crisis de los Misiles en Cuba—cuando México fue el único país latinoamericano que se opuso a la expulsión de La Habana de la Organización de Estados Americanos (OEA) virtualmente ordenada por Washington o cuando el gobierno cubano dio su respaldo e influencia política al proceso de paz entre las guerrillas y los regímenes derechistas de Guatemala y de El Salvador, lanzado en 1983 mediante los auspicios del Grupo Contadora promovido por México, Venezuela, Colombia y Panamá.

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