Mayos, la etnia más numerosa

Según los propios mayos, en una antigua leyenda la palabra “mayo” significa “la gente de la rivera”, y el Gobierno del Estado de Sonora ha publicado que actualmente habitan los municipios de Álamos, Quiriego, Navojoa, Etchojoa y Huatabampo. Además, a los mayos se les considera el grupo étnico más numeroso, con una población aproximada de 75 mil habitantes, seguido por los yaquis con 33 mil.
Durante muchos años a esta región se le consideró parte de Sinaloa y algunos historiadores referían que la Provincia de Sonora iniciaba a partir de la margen derecha (norte) del Río Yaqui. Uno de los primeros que plasmó esta división fue el científico novohispano José Antonio de Alzate y Ramírez en el año de 1772 al publicar un bellísimo “Plano de las Provincias de Ostimuri, Sinaloa y Sonora”. Existen escritos en los que se describe que el Gobierno español consideraba en 1676 a la Provincia de Sinaloa desde el Río Mocorito, hasta el Río Mayo, y que entre este último y el Río Yaqui se encontraba la Provincia de Ostimuri.
En el plano de Alzate y Ramírez, publicado en color sepia, con el borde de las costas en verde y una línea roja, se pueden leer algunos nombres de nuestra actual región del Mayo, que transcribo como fueron registrados en ese histórico documento: en la Provincia de Sinaloa (de oriente a poniente), Cañamoa, Tesia, Nabojoa, Caurinpo, Techojoa y Santa Cruz. En la Provincia de Ostimuri, Mocoyagui, Tepagui, Baroyeca, Canicari y Batecosa.
Fue en 1830 cuando el Ayuntamiento de Álamos manifestó su voluntad de pertenecer al futuro Gobierno de Sonora, y junto con los ayuntamientos de Navojoa y Santa Cruz del Mayo, se separó del Departamento de El Fuerte (Sinaloa) para formar parte del Departamento de Horcasitas (Sonora). En ese tiempo, Álamos estaba comprendido en el Distrito de Baroyeca y le correspondían los pueblos de Tesia, Navojoa, Etchojoa, Santa Cruz y Masiaca (“Historia General de Sonora”, Tomo II, Sergio Ortega Noriega 1996, y Tomo III, Armando Quijada Hernández 1997).
El encuentro con los españoles y las invasiones realizadas en estos territorios dejaron una profunda huella en la cultura y en la religión. Aunque algunos textos mencionan que “los mayos no opusieron gran resistencia ante los conquistadores…” (“Historia General de Sonora”, Tomo IV, Alejandro Figueroa Valenzuela 1997), existen publicaciones que dicen lo contrario: como la rebelión de 1740 referida por el presbítero Ernesto López Yescas, nacido en Banámichi en 1912 y considerado uno de los más grandes bibliógrafos de Sonora, quien escribió en sus apuntes sobre el indio Bautista, que encabezaba a los mayos en Santa Cruz del Mayo, “desarmaron y humillaron a la escuadra militar que dirigía el sargento Álvarez”. También, las disputas por las tierras ocurridas en 1810 referidas en el libro “Tres Siglos de Historia Sonorense, 1530-1830” escrito por varios autores y coordinado por Sergio Ortega Noriega e Ignacio del Río; o el levantamiento de 1825 descrito por Albert Stagg (“Los Almada y Álamos 1783-1867”, México 1983).
No por nada escribió en 1853 el prefecto de Álamos, señor Ignacio Lorenzo Almada, en su informe al senador José Lucas Pico, describiendo sus características sociales, físicas y de alimentación: “…los indígenas que se han empadronado como tribu numerosa en los respectivos pueblos de este partido (Álamos) con el de Baroyeca… serían los mejores soldados del mundo y los más temibles adversarios…” (Archivo General del Estado).
De esa conjugación de razas y culturas, de mayos y españoles, de yoremes y yoris, cada uno con sus propias costumbres y creencias, surgió nuestra actual sociedad en la que se entremezclan tradiciones y surgen los rasgos socioculturales que caracterizan a los habitantes de la región del Mayo, jeewi, waribéchibo (sí, por eso).

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