Más muertos en vida

Más muertos en vida

Por: Francisco González Bolón

Cuando las balaceras, ejecutados y desaparecidos irritan a la sociedad, pocos, muy pocos, alcanzan a vislumbrar a otros muertos en vida a causa precisamente de la circulación de drogas entre la comunidad.

Es cierto que el dolor por un ser querido muerto es, debe ser, horrible. Nadie discute la gravedad de ese problema.

Pero, a fuerza de decir verdad, debe ser más doloroso el saldo del consumo de las drogas: Decenas de jovencitos, e incluso algunos adultos, deambulan por las calles con la mirada y la mente perdida.

Llega el momento en que el ingreso de los alucinógenos al cuerpo y a las neuronas mata el espíritu. Y los ocupantes de ese cuerpo se trasladan en fantasmagóricas formas.

La mayoría deambula sin ropa, o bien con ropajes sin aseo de varias semanas, con barba crecida, y conversando con ellos mismos.

Otros tiran golpes a inexistentes rivales y hay quienes parecen tripular autos, emprenden la carrera y se detienen de golpe en otro punto de su colonia o calle para platicar con sus sombras y la mirada puesta en el infinito.

Esos estragos de la guerra contra el narcotráfico no han sido dimensionados con exactitud. Las autoridades hacen muchos planes, pero a la hora de la realidad no hay espacios para albergar a tanto indigente con daño mental que alguna vez fue útil a la sociedad y ahora está convertido en un guiñapo, sin más esperanza que sobrevivir por ese día.

Obviamente, la sociedad tampoco está haciendo lo que le corresponde. En muchas familias no hay quien fomente una integración en torno a los valores morales.

Hay incluso padres que frente a sus hijos se dedican a utilizar drogas y eso se va transmitiendo entre las generaciones como algo común.

Si desde el hogar se educa a los menores por caminos de bien, seguro estoy que mañana no andarán “muertos en vida” a consecuencia del uso indiscriminado de drogas o con un arma en la mano en busca de víctimas.

Es importante el llamado a una marcha por la paz en Cajeme para este sábado 28 de julio. Totalmente de acuerdo. Pero seguro estoy que hay mucho más por hacer. Exigir seguridad a las autoridades no es, no debe serlo todo.

Unidad para luchar juntos contra las drogas, es lo primero. Los padres deben ser ejemplo de vida que impida a los hijos irse por el camino del dinero fácil en el mundo de las drogas.

Debe evitarse, como sugiere el alcalde electo, Sergio Pablo Mariscal Alvarado, que ese movimiento por la paz se convierta en el escaparate de políticos.

Hay que desterrar pensamientos como ese que en las redes sociales sugiere que las autoridades nada están haciendo contra la violencia porque la asumen como venganza contra quienes votaron masivamente por un partido distinto.

La verdad, no creo que llegue a tanto la mezquindad de haber detenido durante las elecciones a los narcos para “soltarlos” después como jauría contra la sociedad.

Ojalá y eso no sea así sino que los servidores públicos en verdad estén luchando a favor de derrumbar el imperio de las drogas.

Hasta hoy no lo han demostrado, claro está, pero esperemos a que regresen de las vacaciones que el pueblo les está pagando con sus impuestos.

Y entonces veremos de qué están hechos.

¿Y los parquímetros, Tino?

Insiste el regidor Joaquín Armendáriz Bórquez en que el gobierno de Faustino Félix Chávez entregue a la mayor brevedad posible toda la información y su estatus en torno a la obra de los parquímetros que a estas alturas ya deberían estar colocándose en el centro de la ciudad.

A raíz de lo que este Diario reveló, que la empresa Arbella Parking parece ser una empresa fantasma y que por lo tanto no podrá cumplir con esta obra, la comunidad ha despertado y pide aclaraciones y, sobre todo, castigo hacia quienes pretendían lucrar con este tipo de acciones ilegales.

Comentarios sostienen que todo apunta hacia el ex Secretario del Ayuntamiento, Armando Alcalá Alcaraz, como el promotor de la empresa inexistente. Pero no ha sido probado. Se tiene que investigar bien para que no haya dudas y se castigue a los responsables reales, no a “chivos expiatorios”.

Pues bien, el Presidente Municipal y su secretario, Marcelo Calderoni Obregón, tienen ahora la palabra. O aclaran. O aclaran.

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