Manuel, mecánico de  corazón y convicción

Manuel, mecánico de corazón y convicción


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Por: Oviel Sosa

Bienvenidos a la sección de oficios, donde cada semana plasmaremos la historia de una persona que efectúa un determinado trabajo y lo hace de manera destacada, por su capacidad, trayectoria y estilo que le imprime a la actividad que realiza.
En este caso hablaremos acerca de la historia de Manuel Hernández Acosta, de 48 años de edad, un apasionado de la mecánica y quien a pesar de sufrir una enfermedad poco común, no le impidió seguir con la labor que lo seduce y llena de ánimo.

Manuel relató que desde pequeño prefería estar en un taller que otro lugar, como cualquier infante que opta por jugar un deporte o realizar una actividad recreativa. Todo lo relacionado con la mecánica le atrajo y desde que era un niño colaboró en varios talleres, forjándose así una gran capacidad para reparar y entender los procesos típicos de tal función.

Su experiencia y cualidades para arreglar algún desperfecto lo llevaron a trabajar en varias empresas, donde a pesar de no contar con la carrera de ingeniera, sino sólo tener cursos técnicos en dirección hidráulica, torno, soldadura, suspensión y mecánica en general, lo condujeron a tener a su cargo a ingenieros mecánicos, porque su eficacia se apoya en su lado empírico.

 

La enfermedad de Moyamoya es una patología que afecta la oxigenación del cerebro como si fuera el humo de un cigarrillo. Este padecimiento fue reportado por primera vez en 1957 en Japón

Manuel y la mecánica se llevan de la mano a la perfección, y a pesar de haber padecido par de infartos cerebrales en el 2014 y pese a haber perdido la movilidad de la parte izquierda de su cuerpo, en vez de desalentarlo, le permitió tener un nuevo enfoque de la vida, el cual arrojó que afrontara su día a día como si fuera una nueva oportunidad de existir.

“A mí me diagnosticaron la enfermedad que se llama Moyamoya, que en español quiere decir cortina de humo, y el doctor me dijo que era el único en Sonora con ese padecimiento y el tercer caso en todo México”, señaló Manuel Hernández.

Su vida dio un cambio drástico a raíz de la poco usual enfermedad, pero él nunca lo tomó a mal; al contrario, le permitió reflexionar y valorar la vida, por lo que ahora atiende su propio taller donde se especializa en dirección hidráulica, y el hecho que no pueda emplear su mano y pie izquierdo como él quisiera, su motor fue inyectado con nuevos bríos y posee una mentalidad que le ayuda para él, sin ayuda, realizar los trabajos y dejar a los clientes satisfechos.

Tiene su taller por el bulevar Ramírez, casi esquina con Coahuila, y representa un mecánico de corazón que su condición no lo limita ni le impide desempeñar la actividad que lo apasiona y lo mantiene con ánimo; la mecánica.


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