LOS MAYOS, LAS TIERRAS Y EL REPARTO

(Director del Hospital General de Navojoa)

 

Aunque los primeros registros sobre exploradores extranjeros en la región del Mayo datan de 1533, no fue sino hasta 60 años después cuando la “visita” se convirtió en colonización. Esta se inició en 1593 por el capitán Diego Martínez de Hurdaide y en realidad se tradujo en conquista y “pacificación” de los mayos, ya que su objetivo fue incorporarlos al régimen colonial español, con todos los cambios que esto implicaba. Y la resistencia por parte de los mayos no se hizo esperar porque el progreso, para los españoles, ameritaba cambios radicales en la manera de vivir de quienes habitaban estas tierras desde tiempos inmemoriales.
Gran parte de esos cambios fueron llevados a cabo por los misioneros jesuitas durante más de 150 años que permanecieron en Sonora. Sin embargo, la producción agrícola y la introducción de nuevos cultivos seguían haciéndose sin cambios jurídicos o legales y esto trastocó los derechos comunitarios que los Mayos habían ejercido desde épocas prehispánicas sin mediar documento o ley que así lo estableciera.
Posteriormente, el 14 de julio de 1767 arribaron a esta región del Mayo cuarenta soldados al mando del comisionado real Don Eusebio Ventura Beleña, quien traía consigo la orden de expulsión de los jesuitas de las provincias de Sinaloa, Ostimuri y Sonora, y procedieron a apresarlos y desterrarlos, dejando tras de sí a los indígenas sorprendidos y atemorizados (“Apuntes Históricos Sonorenses”, 1949, Roberto Acosta).
Algunos historiadores afirman que con la expulsión de los jesuitas inició la decadencia de esta región, pero los mayos recuperaron algunas actividades que les habían sido arrebatadas, la agricultura de autoconsumo y la libre elección de sus gobernantes. Esto no fue por mucho tiempo, ya que en 1790 se iniciaron las reformas impuestas por la dinastía borbónica francesa, dueña del trono español, que consistían en cambios sustanciales en la Nueva España para recuperar la dirección política, administrativa y económica del reino, que se había perdido por la debilidad de los gobernantes de la Casa de Habsburgo.
Esta fecha, septiembre de 1790, quedó registrada como el inicio del deslinde de terrenos entre los mayos del sur de Sonora, impuesta por el visitador José Gálvez, quien trajo consigo la titulación individual de las tierras y propició la acelerada pérdida de éstas por parte de los naturales. (“Tres Siglos de Historia Sonorense, 1530-1830”, Ignacio Alejandro del Río Chávez y Sergio Ortega Noriega, 1993, UNAM).
Asimismo, en el Archivo General del Estado de Sonora está consignado que en junio de 1792 se entregó a los indígenas de los pueblos de Navojoa y Tesia 5 y cuarto sitios de terreno (mil 755 hectáreas).
Los conflictos entre las comunidades indígenas y los colonos aumentaron debido a la disputa por la tierra y los regímenes de trabajo cada día más desequilibrados. Uno de estos enfrentamientos tuvo lugar con los mayos de Charay, Sinaloa, en 1810 y esta problemática indígena en torno a la privatización de la tierra continuó con el inicio de la vida política independiente del país.
Esas decisiones políticas se plasmaron en un documento. El 30 de septiembre de 1828, José María Almada, alamense nombrado vicegobernador del Estado de Occidente (Sonora y Sinaloa) al frente del Poder Ejecutivo promulgó la “Ley para el Reparto de Tierras a los Indígenas, Reduciéndolas a Propiedad Particular”.
Treinta años después, el gobernador Ignacio Pesqueira autorizaría la primera Colonia Agrícola Pesqueira, previa conformación de la Junta de Colonización de los Ríos Yaqui y Mayo, el 24 de octubre de 1858, para que se estableciera un asentamiento entre los pueblos de Santa Cruz (hoy Huatabampo) y Navojoa, a orillas del Río Mayo. Fue el coronel Rafael Ángel Corella quien dirigió la exploración colonizadora (“Caudillo Sonorense: Ignacio Pesqueira y su Tiempo”, Rodolfo Acuña, Ediciones Era, 1981).
Hasta ese tiempo las acciones gubernamentales y militares estaban orientadas a la parcelación y el reparto de las tierras; ahora, la asignatura pendiente era la posesión y concesión oficial del agua del Río Mayo y continuar con la privatización de vastas hectáreas que requerirían la introducción de novedosas técnicas de irrigación. En esto, los hermanos Martín, José de Jesús y Juan Salido fueron pioneros y punta de lanza del desarrollo agrícola de la región.

Dejar un Comentario