Los mayos en el Porfiriato

José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, de origen oaxaqueño, marcó durante su dilatado mandato presidencial, conocido como el Porfiriato (1877-1910), una etapa que definió el progreso de México. Pero uno de los rasgos más negativos fue la represión contra sus opositores, contra la prensa y contra los grupos étnicos que, según su óptica, representaban un obstáculo para el desarrollo y la modernidad del país.
Es indudable que en el Gobierno de Porfirio Díaz se realizaron obras muy importantes, como el desarrollo de varios puertos, se tendieron 20 mil kilómetros de vías férreas, se extendieron el correo y telégrafos en gran parte del país, se fundaron algunos bancos y se ordenaron las finanzas, con lo cual se logró pagar las deudas con otros países, principalmente Inglaterra, y esto generó credibilidad y confianza en los inversionistas extranjeros y la recuperación del crédito nacional, tan necesario para contar con mayores recursos económicos para el crecimiento de México.
Además, se fomentó la explotación de los recursos petrolíferos, se mejoró la extracción de las minas (en 1901, México era el segundo productor de cobre en el mundo), la industria textil se desarrolló con capital francés y español, y se vivió un gran auge en la ganadería y la agricultura, esta última con vastas producciones de henequén, caña de azúcar y algodón, en los estados de Yucatán, Morelos y la región de La Laguna.
Sin embargo, los indígenas de algunas regiones, como los mayas en la región sur y sureste de México, y los yaquis y los mayos en el sur de Sonora, se rebelaron ante el despojo y la explotación, que se hicieron más cruentos durante el Porfiriato.
En nuestro Estado fueron múltiples los alzamientos de estos grupos étnicos, que las autoridades llamaban pillaje y bandolerismo, y mayos y yaquis le llamaban defensa de su territorio y búsqueda de alimentos para sobrevivir.
En la lista de militares de esa época que lucharon contra los mayos, con el argumento de cuidar el orden y la paz social, figuran nombres como Agustín Ortiz, Jesús Duarte, Jesús Díaz, Ramón Valenzuela, Francisco Tellechea, Pedro A. Gutiérrez, Antonio Rincón, Manuel Montijo, José Toro, José Ma. Soto, José Tiburcio Otero, Manuel Valenzuela, Ángel Martínez, Gonzalo del Valle, Lorenzo Torres, Emilio Enríquez, Marcos Carrillo, Gregorio Godínez, Antonio Colorbio, Miguel Rivera, Ignacio Figueroa, Severiano Talamante, Pánfilo C. Peña y Abraham Bandala.
Por parte de los mayos y los yaquis están documentados algunos nombres de sus líderes, como Felipe Valenzuela, Miguel Totoligoqui, José Ma. Leyva Pérez “Cajeme”, Luis Buli, Juan Maldonado Waswechia Tetabiate, Miguel Cruz, José Zarapero, Juan Tebas y, Manuel Torigoqui.
Hay un suceso que sobresale por la crueldad y saña con que se realizó: El destierro a Yucatán, Oaxaca y Campeche de cientos de indígenas para disolver la amenaza de sublevación de estos grupos étnicos. Aunque la mayoría de los autores sólo mencionan la deportación de los yaquis, existen referencias de que también los mayos sufrieron esta terrible movilización forzada a tierras desconocidas con resultados devastadores tanto en el viaje, como en el destino final, donde fueron objeto de vejaciones y explotación en los cultivos de henequén, principalmente, traduciéndose esto en una esclavitud disfrazada.
“Ejemplos manifiestos de esta continuidad desde el siglo XVI, cuando se esclavizaba a los prisioneros de guerra indígenas y sus allegados en la periferia de la Nueva España, eran las deportaciones de mayas a Cuba (1848-60), así como las de yaquis y mayos (hacia 1900) a Yucatán, o en su caso al Valle Nacional (Oaxaca).” Herbert J. Nickel, “El Peonaje en las Haciendas Mexicanas” Primera Edición en alemán, 1991, edición ampliada en español, 1997.
Por último, les comparto parte del testimonio del señor Jacinto López Ontiveros (yoreme) que plasma quien fuera cronista de Navojoa, Don Manuel Hernández Salomón, en su libro “Cronología y Testimonios (1533-1915) Navojoa”: “…un día llegaron los soldados blancos, rodearon la isla (del Siari)… entre las familias iban parientes de mi abuela con mis primas y sobrinas que fueron las que me platicaron esa historia”.
Después el Gobierno las engañó, les dijeron que iban a firmar la paz y las embarcaron para Yucatán”.

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