La vida es un viaje

La vida es un viaje

Por: Evangelina Martínez Pérez

Era una tarde fría de otoño en diciembre de 1970, caminaba despacio por las calles Pino Suárez y Niños Héroes, ese día salí tarde de la escuela primaria Alberto Gutiérrez pues me había tocado el aseo, me dirigía a mi casa, pero antes pasaría por el puestecito que se encontraba en este cruce, tenía que comprar “cartitas” eran estampas de los dioses aztecas para mi álbum, en eso cuando salía de ahí… escuché un grito seguido de un llanto, al fijarme bien me di cuenta que se trataba de un pleito entre niñas.
Quise seguir de largo pero… lo que vi se me hizo injusto, al darme cuenta que estaban golpeando a una niña de 4to grado unas grandulonas de mi salón de 6to. año, indignada por tal injusticia corrí y sin medir consecuencias me les paré enfrente defendiendo a la muchachita que se encontraba en el suelo, una de ellas me jaloneo el vestido y me advirtió que si no me quitaba de ahí, a mí también me iban a tocar los camorrazos.
Armándome de valor me les enfrenté y le grité a la niña que corriera, lo que siguió después ni para que contarlo, me fue de feria… eran tres para mí sola desmechoneada con la mochila rota y sin cartitas llegué a mi casa a unas cuadras de ahí… cuando mi madre me vio solo comento… “a ver paladín de la justicia y ahora que te pasó”.. lo de siempre, le dije una injusticia, “a ver cuando dejas de buscarte problemas. No los busco mamá, le contesté… ellos siempre me encuentran.
Al otro día al salir de la escuela del primer turno, o sea a las doce de mediodía me sorprendió ver a la misma niña con una muchacha más grande esperándome en la puerta, jalándola de la mano la llevó a mi encuentro diciéndome, hola, yo soy Tayde.
Mira hermana ella fue la que me salvó, mucho gusto me dijo yo soy Marcia y tú ¿cómo te llamas?… Eva contesté… mi mamá está muy agradecida… me dijo… y quiere que por favor vayas a la casa para darte las gracias personalmente.
Cuando llegamos me sorprendió mucho la manera en que se me recibió, toda la familia me daba la mano y me invitaron a la mesa a comer con ellos, en eso se abrió la puerta y dijo la mamá solo faltabas tu hijo siéntate a comer y apuntando hacia donde yo estaba le comentó, ella es Eva la niña que salvó a tu hermana, Eva… él es René mi hijo…
Y… al volver la vista… vi aquel niño de doce años, los mismos que yo tenía, guauuu me quedé con la boca abierta, era el rostro más bello jamás haya visto, y sus ojos, dios mío… que ojos… grandes de color verdes.
Los sonidos se apagaron, sólo escuchaba una música de arpa y violín, el vuelo de mil mariposas revoloteando en mi cabeza y esa sensación como de estar volando, en verdad os juro… los ángeles existen, estaba viendo a uno…
Como un lejano murmullo casi inaudible escuche la voz de Tayde diciéndome… Eva él es mi hermano. Hasta ese momento desperté de mi letargo, haaaa… sólo alcancé a decir, tartamudeando… muuuchoo gu gu gusto.
Al momento sucediò algo inexplicable casi por inercia mi mano se dirigió a mi cabeza, por primera vez me ocupaba e mi cabello, ¿estaría peinado?, dioss… me di cuenta que no, eran las mismas colas de caballo una más arriba que la otra.
No sé porque me extrañaba esto, siempre estaban así, casi me muero al descubrir también, que en mis uñas semi largas todavía se podían ver en ellas, rastros de tierra de los hoyos que había hecho para el juego de las canicas donde caían las “catotas” y para colmo… mí vestido lucía arrugado y desaliñado.
Dios, por favor dios… que se abra la tierra y me trague, pensé… nadie parecía darse cuenta de lo que estaba sucediendo dentro de mí… esa hora de la comida fue la más larga y tormentosa que haya vivido.
Me despedí y casi salí corriendo, cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue meterme a bañar… la transformación que siguió después fue radical, todos en la casa me miraban sorprendidos.
La niña desaliñada, flaca y desgarbada había quedado atrás, “¿y a esta chamaca que le pasó?” comentó uno de mis hermanos… nada… dijo mi hermana Rosa sonriendo a la vez que decía… es sólo que mi hermanita, acaba de conocer el amor…
A partir de ese momento todo cambio para mí, la luz del sol era diferente, la gente se veía diferente y mi campo visual se había expandido, todo era nuevo.
Me sentía como si de pronto hubiera aparecido en el mundo real, las fechas en el alamanaque ahora tomaban sentido, también mi edad, por todo y por nada me la pasaba sonriendo y suspirando, aquellos ojos verdes al igual que Copérnico habían movido el mundo, fue a través de ellos que por primera vez voltié a verme a mí misma…
Sin darme cuenta acababa de morder la manzana con la cual saldría del Edén para embarcarme en la aventura más grandiosa y maravillosa como lo ha sido mi vida.
El dulce recuerdo de aquel primer amor hizo posible que este salto cuántico de la inocencia de la infancia a la ingenuidad del la adolescencia pasara suavemente, los años y la experiencia adquirida me han enseñando que…
La vida es un viaje… y cada evento en tu vida… es sólo una parada.

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