La tercera alternativa

Por: Rafael Robles Flores (Director del Tec de Monterrey Unidad Navojoa)

“El todo es más que la suma de las partes” Aristóteles

Hace casi seis años que falleció Stephen Covey, uno de los profesionales más influyentes en el mundo de los negocios y del desarrollo humano en las últimas dos décadas. Covey se hizo mundialmente famoso con su libro “Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas”, y su última obra fue “La tercera alternativa”.
En “La tercera alternativa”, Covey nos impulsa a trazar el camino para dejar atrás las soluciones de baja calidad para todas nuestras crisis. Ofrece importantes recomendaciones para afrontar los más duros desafíos de la vida. Enseña que frente a los conflictos con los demás no se trata de “mi manera” o “tu manera”, sino sobre encontrar “nuestra manera”; es decir, una tercera opción en la cual ganen las dos partes en conflicto. Comparte que cada vez nos sentimos más presionados, por lo que discutimos más en los diversos escenarios de nuestras vidas.
Para unos autores, el siglo XX fue una era de guerras impersonales, pero da la impresión de que el siglo XXI se va a caracterizar por los conflictos interpersonales, señalaba Covey.
Este autor compartía que la vida nos trae un problema tras otro. Algunos parecen imposibles de resolver: personales, familiares, laborales, políticos, conyugales, comunitarios, ecológicos, económicos, etc.
De ahí que todos sufrimos adversidades, generalmente en silencio. La mayoría de las personas se enfrentan con valentía a sus problemas y se esfuerzan por seguir, con la esperanza de que el futuro sea mejor.
Es posible que un matrimonio tuviera un principio extraordinario, pero que ahora apenas se soporten el uno al otro. O, quizá, la relación con los padres, hermanos o hijos no sea demasiado buena. También alguien se puede sentir abrumado y cansado en su trabajo. O si miramos las noticias por la noche y perdemos la esperanza de que, algún día, se resuelvan los conflictos entre las personas y los países.
¿Qué podemos hacer para resolver los conflictos que más nos dividen y los problemas más complicados? ¿Adoptamos el papel de víctimas y esperamos a que alguien venga a rescatarnos? ¿Llevamos el pensamiento positivo al extremo y nos sumergimos en una agradable negación de la realidad?
Se dice que Albert Einstein afirmó una vez: “No podemos resolver los problemas importantes a los que nos enfrentamos desde el mismo nivel de pensamiento que los ha creado”. En este sentido, si seguimos haciendo lo mismo que siempre hemos hecho, esperando que esta vez los resultados sean distintos, estaremos negando la realidad.
Por eso, frente a ciertos problemas hay que preguntarnos: ¿Qué es lo peor que me puede pasar?, ya que con mucha frecuencia exageramos las cosas, fuera de toda proporción. En la generalidad de los casos, lo peor que puede pasar es, sin duda, muy grave, pero no es el fin del mundo.
Otra pregunta es: ¿Qué estoy aprendiendo de los conflictos difíciles? Si miramos al pasado, por lo general aprendemos de las épocas difíciles. Lo complicado es ser lo bastante serenos, equilibrados y conscientes, como para aprender mientras sufrimos. La gente inteligente y feliz tiende a considerar las épocas difíciles como valiosas experiencias. Mantienen la frente en alto, no dejan de sonreír, saben que las cosas mejorarán y que cuando salgan de la prueba por la que están pasando, serán mejores seres humanos.
De ahí la importancia de ir preparando a las nuevas generaciones para las diversas experiencias de conflicto que tendrán a lo largo de sus vidas. Una característica de las personas triunfadoras no es el camino de rosas que han tenido, sino la manera como han interpretado las diversas situaciones, límite que han vivido y el cómo han generado acciones para salir avante ante los problemas. Si educamos para generar “terceras alternativas”, como afirma Covey, estaremos desarrollando personas de manera integral. Usted, ¿qué piensa?
Twitter: @rafaelroblesf

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