La orquesta tocaba “El Limoncito”

No cabe duda que los estadounidenses habían decidido observar de cerca los acontecimientos en la sucesión presidencial de 1928, y existen pruebas documentales de los informes que enviaban sus representantes diplomáticos en nuestro país. Por ejemplo, el Encargado de Negocios en México al Secretario de Estado norteamericano: “En muchos aspectos él [Obregón] posee las cualidades de un hombre de negocios estadounidense, en que él está acostumbrado a planear sus actividades con gran cuidado y entonces realiza sus propósitos con decisión” (Traducido de: SDR De Arthur Schoenfeld, al Secretario de Estado. Rollo 86, No. 339, 28487, 18/Jun/1927). Por: Dr. Felipe Gutiérrez Millán

Conocían no sólo lo que era del dominio público sino también lo que sucedía tras bambalinas y sus fuentes de información abarcaban desde la prensa hasta personajes respaldados por su prestigio y credibilidad “La confirmación de la existencia de relaciones tensas entre Obregón y Calles me llegó de una fuente bien informada como el señor Agustín Legorreta, dirigente del Banco Nacional de México” (Idem Rollo 87, No. 436, 28912, 20/Oct/1927).
En una visita que el General Álvaro Obregón Salido hizo a Guaymas, el Cónsul de Estados Unidos le pidió al Presidente de la Cámara de Comercio de esa ciudad que lo presentara con Obregón. El Cónsul Bursley después expresó sobre el ex Presidente: “La presentación se llevó a cabo con mucho tacto; el General fue muy simpático pero efusivo. Aparentemente se creó una impresión favorable por mi petición para la presentación” (De Herbert S. Bursley, Cónsul en Guaymas, Sonora, al Servicio Diplomático. Rollo 88, No. 578, 29125, 18/Feb/1928).
El Embajador de Estados Unidos en México, Dwight Whitney Morrow, sobre el atentado que sufrió Obregón en noviembre de 1927, informó al Departamento de Estado de su país que en algunos círculos políticos creían que Morones había instigado a los católicos en contra del General. Precisamente el 17 de julio de 1928, Morrow tenía una cita con Álvaro Obregón para tratar el problema de la reanudación de cultos, pero ese día aciago el sonorense fue asesinado y su muerte pospuso casi un año la reanudación de relaciones entre la Iglesia y el Estado.
Precisamente sobre ese trágico evento, Casasola describe los últimos momentos de la vida del Presidente electo para el periodo 1928-1932 “… la orquesta típica del maestro Esparza Oteo tocaba la popular canción El Limoncito, mientras afuera del cenador andaba un individuo que pintaba en un libro. El dibujante, que estaba haciendo una caricatura del divisionario sonorense, tranquilamente se acercó a la cabecera del banquete… y sin que nadie se diera cuenta sacó su pistola; se escucharon varias detonaciones a la espalda del presidente electo. Tan rápido fue el hecho que por momentos se creyó que las detonaciones eran efectos de la batería de la orquesta de Esparza Otero. Transcurrieron algunos segundos antes de que los asistentes se dieran cuenta que el General Obregón doblaba la cabeza sobre su costado izquierdo, y su cuerpo caía después debajo de la mesa.” (Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, Gustavo Casasola Zapata. Ed. Gustavo Casasola. 1942).
En la historia de la revolución mexicana podemos identificar fácilmente a los malos y los buenos, Félix Díaz y Victoriano Huerta entre los primeros, Madero y Pino Suárez en los últimos, también a los que son bien vistos aunque fueron violentos por necesidad, Villa, Zapata y Carranza. Sin embargo, del Gral. Obregón hay opiniones encontradas y su vida siempre ha estado en medio de la polémica “… el pecado mayor del nacido en Siquisiva en 1880 fue el de haberse reelegido Presidente de México, única violación grave que realizó a las nuevas reglas del juego y que Elías Calles evitó cuidadosa y hábilmente. Las puertas de la historia de bronce se hallan prudentemente entrecerradas para Álvaro Obregón Salido” (Tesis de Licenciatura en Historia, UNAM. El Imperialismo Vigilante. Francisco Javier Meyer Cosío).

Dejar un Comentario