La cuenca del Río Mayo

Desde que el ser humano se volvió sedentario, creó una simbiosis con la tierra donde se asentó, aprovechó los beneficios que ésta le brindaba y, en consecuencia, la cuidó y la trabajó procurando también que su territorio fuera respetado por quienes procedían de otros lares.
Es la historia de la humanidad, y los Mayos no son ajenos a ella; desde los primeros pobladores en esta región (y en la actualidad) no sólo obtenían los frutos de las plantas, sino piezas de caza y pesca, después los misioneros jesuitas les enseñaron técnicas de cultivo y crianza de ganado que mejoraron su desarrollo.
El sur del Estado de Sonora, como lo conocemos actualmente, ha sufrido varias transformaciones geopolíticas y recordemos que existen escritos que describen cómo el Gobierno español consideraba en 1676 a la Provincia de Sinaloa desde el Río Mocorito hasta el Río Mayo y, que entre este último y el Río Yaqui se encontraba la Provincia de Ostimuri. También formó parte del Estado de Occidente y después, y hasta la fecha, al Estado de Sonora, habiendo pasado por varias denominaciones como villas, misiones, municipalidades, distritos y municipios.
Actualmente, el Municipio de Navojoa tiene una superficie de dos mil 778.1 kilómetros cuadrados que representan el 2.36% del Estado y el 0.22% del territorio nacional y su suelo tiene varias clasificaciones: Cambisol, regosol, xerosol y, yermosol. Aquí se combinan espléndidamente la tierra y el agua, proporcionando vida y sustento.
La riqueza de nuestra tierra se la debemos al Río Mayo, que cruza el Municipio de noreste a suroeste procedente desde la cascada de Basaseachi, en el vecino Estado de Chihuahua. Desde su nacimiento en la Sierra Madre Occidental recorre 350 kilómetros para llegar a su desembocadura en el Océano Pacífico, irrigando a su paso un área de 11 mil kilómetros cuadrados, cuya cuenca recibe también el afluente del Arroyo Cocoraque, que desemboca en la Presa Adolfo Ruiz Cortines (Mocúzari), además de aguas subterráneas.
La cuenca del Río Mayo se nutre de varios afluentes, comenzando por el Río Basaseachi, el Río Concheño-Moris, el San José Ocampo y el Arroyo Hondo, que recibe el caudal del Río Babanori y procede a su vez de la Sierra Oscura. Acoge luego las aguas de los importantes arroyos El Limón, Guajaray, Los Mezcales, Gochico y Taymuco, antes de enfilarse hacia la Presa Mocúzari, luego de lo cual recibe las corrientes de los arroyos El Salado, Las Lajas, Tetaboca, El Jíjiri y Yorentamehua, entre otros.
A través de la historia, este río ha dado vida a los guarijíos y a los mayos, y en Sonora cruza por un territorio que constituye un nicho ecológico muy particular, ya que aquí se encuentra lo que se considera la selva baja caducifolia mejor conservada en el hemisferio septentrional del Continente Americano.
Este ecosistema y su riqueza están documentados desde las primeras expediciones botánicas realizadas en 1791 hasta las que se llevaron a cabo el siglo pasado por Howard S. Gentry en la década de 1930. Asimismo, han sido continuadas y actualizadas por The Southwest Center de la Universidad de Arizona y otros investigadores nacionales e internacionales.
A pesar de todo lo anterior, ningún área de la cuenca del Río Mayo, a excepción de la Cascada de Basaseachi, ha tenido suficiente atención por parte del Gobierno de nuestro país, por lo que está el gran pendiente de otorgarle un interés especial y promover el conocimiento de esta región con el fin de declararla zona de reserva ecológica. Lo merece

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