La actividad comercial en Álamos

Dr. Felipe Gutiérrez Millán

La Independencia de México, iniciada en 1810 y consolidada en 1821, originó múltiples cambios y uno de ellos fue la ruptura del monopolio en el comercio que se había establecido en la época colonial. Prácticamente, se deshizo el intercambio de mercancías por vía terrestre con el centro del país, y desde 1822 surgen dos puertos libres en el noroeste: Guaymas y Mazatlán, con apertura al comercio mundial y rutas que los conectaban tierra adentro para el establecimiento de una amplia red comercial.

En esos puertos se instalaron comerciantes europeos, sudamericanos y norteamericanos, dedicados a la importación de diversas mercancías y a quienes se les considera los impulsores del reacomodo de las fuerzas económicas con el surgimiento de los capitales comerciales.
Para Álamos siempre fue complicado el intercambio comercial con Guaymas debido, principalmente, a las amenazas que representaban, para los viajeros y las mercancías, los asaltos por parte de las tribus Yaqui y Mayo, lo cual no ocurría en las rutas hacia Mazatlán. Sin embargo, el traslado de mercancías desde allá elevaba los costos, por el alto flete que debía pagarse. Así que se buscaron otras opciones, como la creación de puertos de cabotaje; es decir, puertos donde pudieran arribar pequeñas embarcaciones.
Estos fueron Navachiste y Altata, en Sinaloa, y en Sonora se planteaba la necesidad de abrir al comercio de cabotaje el puerto de Santa Bárbara, en las inmediaciones del pueblo de Santa Cruz del Río Mayo (hoy Huatabampo) con los siguientes argumentos: “… a) se formaría un nuevo pueblo de raza blanca, b) se obtendrían mayores progresos para el comercio y la agricultura, c) acarrearía un incremento del tráfico mercantil hacia Guaymas, Mazatlán y otros puntos del Golfo de California, abreviando las distancias y peligros que por tierra había, d) los productos agrícolas, principalmente las harinas, hallarían mayor consumo, haciéndose más económicos los fletes, e) se lograría una más rápida socialización de los indígenas del Río Mayo, pues al entrar en contacto con los residentes del puerto, especuladores y comerciantes, dejarían de ejercer la ociosidad.” (Archivo Histórico del Gobierno del Estado de Sonora, t 258, 1853).
Esa opinión les merecían los indígenas mayos, y esas eran las descripciones de los cronistas hispanos al referirse a las tierras del norte de México: “…daban la impresión de que, con el arribo español a tan grandioso escenario natural, a establecer reales, haciendas, ranchos y misiones, había llegado por primera vez la sociedad humana ‘civilizada’.” (La Historia de los Pueblos Indios AHGES, Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva).
No obstante, fue el puerto de Agiabampo el que se consolidó, desde los años 70 y 80 del siglo XIX, dando servicio al Distrito de Álamos y a los minerales inmediatos de Chihuahua, y se establecieron en él algunas casas de agencia, como la de los alamenses Santiago Goyeneche y José Gastélum.
Según las actas notariales del periodo 1868-1889, ya desde los años 60 proveían a la región de Álamos, casas comerciales mazatlecas como Careaga y Cía., Peña y Cía., Storzel Bartning y Cía., Redo Hernández y Cía., Sánchez y Lowells, Echeguren Quintana y Cía., J. Kelly y Cía. En la década de los 80 continúan negociaciones como James Elorza y Cía., Somellera Hermanos, Heyman Sucs., Melchers Sucs., Bartning Hnos y Cía., Herrería Garamendi y Cía., entre otras.
Se comercializaban productos nacionales y nacionalizados. Ejemplo de los primeros: aceite de pescado y para máquinas, aguardientes de todas clases y en damajuanas, artefactos de cobre y fierro, carne seca, café, cigarros, chocolate, jarcias de todas clases, loza de barro de Guadalajara, rebozos, sarapes, sombreros de vuelta y de tacubaya, entre otros. En cuanto a los productos nacionalizados: aceite de oliva, ácidos sulfúrico y muriático, arados, baterías de cocina, calzado de todas clases, cerveza y sidra en barriles, cerveza en botellas, cemento romano, drogas medicinales, fideos y toda clase de pastas, pólvora fina para caza y pólvora para minas, vino blanco, tinto y dulce en barriles y botellas, entre otros.
Esto nos da una idea de la enorme variedad de productos que se comercializaban en estas tierras para abastecer a la población, dueños de minas, hacendados, sus trabajadores y familias, y que generaban jugosas ganancias a los comerciantes y sus intermediarios.

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