Justicia: ¿para quién?

Es tanto el hartazgo ciudadano en Cajeme por la delincuencia, que en las últimas horas muchos vecinos han decido levantar la voz y surgir, aun­que no lo digan así, como “autodefensas” de su patrimonio.

Quizá los habitantes de esta comunidad sientan que en el caso de los crímenes “de alto impacto”, como se les conoce en el argot policia­co, no puedan hacer mucho. Pero en lo referente a los robos, que cada vez son más, han decidido tomar las cosas por su propia cuenta.

Es así como en diversos sectores han sido colo­cadas “lonas” mediante las cuales se invita a los ladrones a alejarse lo más que puedan o serán objeto de la “justicia” ciudadana.

Es bien sabido que aquello de ojo por ojo y diente por diente no es un término agradable para la legislación penal, pero ha llegado el momento en que a las víctimas de los amantes de lo ajeno ya les vale un cacahuate lo que las leyes dicten.

Han estado atados de manos precisamente por las leyes y no han visto resultados de parte de las autoridades para someter a los malvivien­tes, lo cual en términos claros y llanos, tiene el nombre de impunidad.

Por eso es que muchos han tomado la deci­sión de esperar a los malandrines y darles un escarmiento para que no vuelvan a tomar lo que no es suyo. Ya se han documentado casos en Obregón de esos hechos en las redes sociales y no solamente en las últimas horas.

Por ello es que las autoridades municipales han salido con el exhorto de no hacerse justicia por sus propias manos porque el “linchamiento” se convierte en un momento dado en un delito.

Y desafortunadamente puede haber más con­secuencias contra las víctimas de los ladrones, que contra aquellos que durante las madruga­das y a veces a plena luz del día se apoderan del patrimonio que con mucho esfuerzo han logrado muchas familias y van a empeñarlos por los 20 ó 50 pesos que les garanticen poder comprar de nueva cuenta la droga que les orilla a la delin­cuencia.

Definitivamente, no estoy de acuerdo en hacer justicia por cuenta propia. También he sido víctima de los delincuentes, pero no hay justifi­cación para meterse uno en más problemas que los habitualmente vividos en la calle o en la casa con quienes tienen como costumbre robar para sobrevivir a sus alucinaciones.

Pero debe entenderse también que la sociedad ya está harta de recibir golpes sin que alguien haga justicia por ella.

Hoy más que nunca la delincuencia está des­atada en Cajeme y esté quien esté al frente del Ayuntamiento o de las corporaciones, el cuento de nunca acabar suscribe, precisamente, que ya les tienen tomada la medida, pues a veces ni siquiera alrededor de la Jefatura de Policía, en la colonia Miravalle o la Primero de Mayo, los malhechores se sonrojan a la hora de concretar sus “jales”.

Es bueno que las autoridades orienten a la población para que no caiga al nivel de los pelafustanes, pero también es importante que los gobernantes sepan que llegará el momento en que serán desbordados ante la incapacidad para otorgarle a la comunidad las garantías de seguridad que juraron construir.

Y ese momento, sin exageraciones, parece estar ya a la vuelta de la esquina.

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