Como que la incertidumbre en el tema de la inseguridad se ha convertido ya en preocupación y no solamente para el ciudadano común.

Las autoridades han visto cómo en pocas horas el entorno cambia, a pesar de las adver­tencias de días anteriores en las redes sociales o en los medios de comunicación.

Muchos ciudadanos han mostrado su pesar porque los hechos violentos van en incremento ante un gobierno pasmado y poco eficaz en sus respuestas.

Ni la inteligencia ni los acuerdos bajo la mesa están dando resultados, a pesar del discurso oficial.

Y aunque Guaymas, Empalme, Hermosillo y otras regiones también viven la violencia, es en Ciudad Obregón donde los esfuerzos de los “malillas” se han concentrado.

Hoy no se sabe si es el narcotráfico, la trata de blancas, las alianzas entre ladrones y poli­cías y otros modos poco honestos de vivir, los que han puesto en jaque a una comunidad que antaño se enorgullecía de ser pacífica, limpia y pujante.

Todo eso ya es parte de la historia y no se sabe si Cajeme recuperará su grandeza porque la delincuencia se ha incrustado en los cimien­tos sociales, es decir en las familias y eso es lo que trae por la calle de la amargura a esta población.

En vez de denunciar, se protege; en vez de alzar la voz, se calla; en vez de actuar, apatía, y en vez de hacerle frente, agachamos la cabeza.

Y por ello, los malvivientes ganan terreno y se regocijan haciendo y deshaciendo.

Matan, secuestran, amenazan a las autorida­des y no ha habido quién los contenga.

Sobre todo porque tienen “amigos”, dentro de las instituciones y corporaciones.

Cuando alguien quiere actuar, el delincuente ya sabe que van por él y sólo cambia su cami­no para no encontrarse con quienes quieren aprehenderlo.

En Cajeme, aquella denuncia de que ya se sabe quiénes son los policías que actúan del lado de los mañosos, se fue escurriendo como agua entre las manos y nada se ha hecho. ¿Te­mor? ¿Complicidad?

¿Hay ya acuerdos con los malhechores como para incorporar en un buen nivel a una perso­na cuya trayectoria está en duda?

Realmente hay que entrarle al toro por los cuernos. La sociedad y las autoridades. Pero si ambos actores le hacen “al tío Lolo”, entonces ni para qué perder el tiempo y habrá que recono­cer, sin más, que la delincuencia ha ganado la batalla.

Desafortunadamente hay lobos con piel de oveja que se esconden detrás de instituciones y hasta de medios de comunicación para decirse redentores del mundo, pero que, si los anali­zamos a fondo, están hasta el cuello con los malosos.

Sonora y Cajeme requieren ya de paz. Y si los que deben garantizarla, no pueden, pues que renuncien.

O dan resultados o la sociedad habrá de encararlos.

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