Honor a quien honor merece

Brenda Armenta es una operadora del número de emergencias 911, en San Luis Río Colorado.

Pero no es una trabajadora cualquie­ra. En su haber tiene, lo más reciente, haber diri­gido desde el teléfono el parto de una pareja en un rancho de aquel municipio fronterizo.

“La pareja se encontraba en un rancho, por lo que era difícil dar con la ubicación, de hecho en el audio yo le preguntaba al señor si el bebé respi­raba, él me decía que sí, pero como yo no lo escu­chaba me quedé con el pendiente, pero afortuna­damente todo salió bien y cuando conocí al niño hasta lloré”, dijo.

Brenda se hizo famosa hace unas horas porque el audio durante el cual auxilia a un vecino para atender el parto de su esposa se hizo viral y fue retomado por medios nacionales, según se relata.

Según dijo, siempre le ha gustado ayudar. Y ese es un signo alentador en medio de tantos burócra­tas a los que solamente van a su trabajo para cum­plir y ya, sin aportarle un rasgo de humanismo a sus acciones.

Es más, algunos y algunas se sienten tocados por Dios al ocupar un puesto público y se marean encima de un ladrillo.

Pero para la señorita Armenta, ayudar es lo suyo. Es la segunda ocasión en que asiste un parto durante su trabajo.

“Una vez tuve un evento de una persona que se había caído al canal y la persona estaba sin vida, y lo sacaron, se les brindó la asesoría y la persona reaccionó, se salvó una vida en este caso”, es su testimonio.

Y de veras que este tipo de actitudes son las que llenan de orgullo a los ciudadanos, pues contar con servidores públicos de este calibre no es algo co­mún.

Para esta jovencita, el reconocimiento de una gran mayoría de los sonorenses pues su actitud es ejemplo de vida y de profesionalismo.

Ojalá ese garbanzo de a libra se reprodujera y en todos los niveles de los gobiernos se practicara su vocación de servicio hacia el prójimo, sin estri­dencias ni simulaciones, mucho menos discursos llenos de demagogia.

Sonora y el país requieren de una burocracia dispuesta a trabajar más y grillar menos. Si todos los responsables del quehacer público cumplieran a cabalidad sus responsabilidades de una manera honesta, a esta nación le iría mejor.

Basta de ver a los puestos públicos como una vía para el enriquecimiento desmedido. Se nece­sita despojar a la función gubernamental de sus ropajes teñidos de corrupción.

Y esa no es tarea de una sola persona. Todos tenemos algo qué aportar.

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