Hoy quisiera compartir con los lectores un texto de Lluís Cucarella, director editorial del Lab de Periodismo de la Fundación Luca de Tena, entre otros cargos. Me pareció importante su colaboración, así que lo dejo para la reflexión:

“Me ha llamado poderosísimamente la aten­ción el hecho de que, de entre la infinidad de artí­culos que se han publicado en diciembre de 2018 y enero de 2019, a modo de previsiones de lo que serán los retos inmediatos que debe afrontar el periodismo, pocos, muy pocos de ellos se acuer­dan de citar algo tan necesario para recuperar el periodismo de calidad como son los buenos perio­distas.

wEs evidente que el periodismo debe lidiar este año, y de manera decidida, con algunos proble­mas que lleva arrastrando desde hace ya tiempo: la necesidad de situar en lo alto de la pirámide de prioridades, con sentido común, el pago por con­tenidos; entender de una vez por todas qué es la economía de la atención y cómo se aplica en un periódico digital; reformular su relación con las plataformas y saber aprovecharse de las comu­nidades que allí existen e involucrarse con ellas, conocer sus problemas y resolverlos y dotarlas de nuevas herramientas comunicativas; apostar por un periodismo útil y de soluciones; abandonar las métricas de vanidad y que los monitores de las redacciones recuperen las métricas de calidad; ser más transparentes en las decisiones editoria­les e ir combatiendo esa desconfianza de tantos lectores (demasiadas apuestas hoy en día en la prensa española no superan el más elemental filtro de objetividad); sí, también, dotarse de la tecnología necesaria para poder crear un entorno de lectura mucho más atractivo para los lectores (UX) y obtener datos que nos permitan conocer mejor a nuestra audiencia, pero sin dejarnos lle­var por lo que los anglosajones llaman the bright shiny things syndrome, el síndrome de las cosas brillantes o el síndrome del objeto brillante en otras variantes; es decir, que no actuemos como periodistas o gerentes de un periódico al dictado de lo que más llama la atención en tecnología e innovación, lo que más brilla, sino lo que más necesitamos para cumplir nuestra hoja de ruta y dejemos de lado esta fototaxia, porque ya sabe­mos lo que le pasa al final a una polilla cuando se acerca a la bombilla.

w(Me hace gracia, por cierto, un periódico que anunció que ya contaba con bots, ¡paren máqui­nas! para atender a los lectores, y efectivamente, cuando entras, te pregunta qué deseas saber, y tras teclear tu pregunta esperando un profundo despliegue de inteligencia artificial y machine learning, basado en patrones comportamentales obtenidos por big data, y aderezado todo ello con una pizca de blockchain, te ofrece los mismos re­sultados que si hubieras escrito tu pregunta tras pulsar sobre la tradicional lupa de búsqueda).

“Subidos a una ola que ahora se va desvane­ciendo, muchos periódicos se olvidaron del perio­dismo y en demasiadas ocasiones se sacrificaron periodistas de calidad y buen periodismo y bue­nos directivos para inundar los medios de infor­maciones buzz, de las últimas fotos en bañador subidas a Instagram por famosos y famosas de dudoso mérito en algunos casos; fueron perdien­do espacio en las portadas las informaciones de calidad para dar cabida a lo último en decoración moda o belleza, los looks más elegantes, la sopa perfecta para combatir catarros, o a qué tempe­ratura debe cocerse una mona de Pascua para que quede perfecta.

wFue gente, a río revuelto, a los periódicos, prometiendo grandes soluciones y muchos direc­tivos, desorientados como estaban en mitad de la tormenta, se dejaron engatusar por promesas vanas, que al final lo que han hecho es ir diez­mando aún más las ya maltrechas economías de los medios y hacer perder el tiempo.

“Se dejaron ir (perdón por el eufemismo) pe­riodistas que conocían los nuevos medios, pero que también habían pisado la calle y la seguían pisando, y conocían el oficio, y tampoco se dio la oportunidad a muchos jóvenes con talento y ganas de sacrificarse para hacer periodismo de verdad: eran carne de Facebook, estaban conde­nados a bucear en las redes sociales o a ver qué contaban otros medios virales que también mira­ban a su vez lo que hacían otros.

wMuchas redacciones vieron cómo sus planti­llas de periodistas se tenían que reducir mientras se ampliaban los equipos encargados de hacer noticias buzz, o escribir cómo hacer calamares a la romana en el microondas, paso a paso. Y el daño fue aún mayor en los medios locales, que iban perdiendo capacidad y debían redoblar su sacrificio y sus horarios para mantener viva la llama informativa en sus regiones, ciudades y pueblos, mientras crecían redacciones centra­les en el caso de grupos editoriales, y lo que se negaba a los periódicos se daba a los equipos de periodismo viral o de recetas de pollo a l”ast, con todo mi respeto hacia los redactores, que no tie­nen ninguna culpa.

“Y, poco a poco, con honrosas excepciones, se fue desvaneciendo el periodismo. Hasta hoy. Pero como diría Monterroso: cuando despertó, el periodismo todavía estaba allí. Y afortunada­mente, aunque la crisis dista mucho de haber pasado y 2019 será otro año de despidos (por la reducción de la publicidad y la demora que lle­van los medios españoles en apostar por el pago por contenidos, o apostar por ellos pensando que sólo con poner el muro de pago es suficiente y que la gente acabará pagando, sin preocuparse por sus necesidades y problemas ni buscando soluciones), parece que esta epidemia que casi arrasa con los valores fundacionales del perio­dismo y ha acabado contagiando a los lectores va remitiendo, ayudada por la caída de Buzzfeed y otros buzz.

“Y si yo fuera el paciente afectado y pudiera, pediría que esta vez se ocupara de mí el mejor médico. Pues eso”.