¿Gobierno de izquierda o hartazgo?

En el momento en que Andrés Manuel López Obrador, instalado como Presidente a partir del 1 de diciembre, intente dar un viraje brusco al sistema económico y financiero del país, justo entonces los gobiernos extranjeros que hoy lo saludan le habrán de reclamar e incluso le dejarán de apoyar.

 

 

Hay seguidores del virtual Mandatario nacional que piensan en una revolución inmediata del “statu quo” mexicano. Sostienen incluso que debe instalarse el socialismo en las esferas económicas, políticas y sociales de la nación.

 

 

Pero tal vez esa posibilidad solamente quede en sueños porque, con todo y la fuerza del voto que le lleva al poder, debe tener claro que los mexicanos no votaron para vivir un régimen de izquierda. Tal vez muchas de sus tesis puedan irse aplicando poco a poco, y de acuerdo a las idiosincrasia nacional, pero no “de golpe y porrazo”, como luego se dice.

 

 

Porque el voto mayoritario popular fue producto del hartazgo contra lo que se considera malos gobiernos. Del PRI y del PAN.

 

 

Durante muchos años, esos dos partidos tuvieron la oportunidad de cambiar el sistema político mexicano en algo mejor para la vida de los mexicanos, pero se empeñaron en mantener los privilegios para una casta cada vez más voraz, al grado de que este último sexenio encabezado por Enrique Peña Nieto es considerado por la voz popular como el más corrupto de la historia.

 

 

No hay que equivocarse. El socialismo tiene tesis y acciones profundamente beneficiosas para la población. Pero también hay quienes en los últimos tiempos se han encargado de distorsionar sus alcances, como el caso de los gobiernos de Venezuela, con Chávez y Maduro.

 

 

Y no es ese tipo de país el que desean los mexicanos, de una izquierda trasnochada que desemboque en la falta de justicia y alimento para las clases populares o la pérdida de libertades tan importantes como la de expresión.

 

 

Esa no es la meta o anhelo de los ciudadanos y si alguien desea instalar un régimen político en esas condiciones, seguro estoy que así como se reclamó con el voto del 1 de julio, así también se exigirá seguir viviendo tan, permítaseme la expresión, “mexicanamente” como hasta hoy.

 

 

Por eso consuela saber que en su primer encuentro con el Presidente de la República, ayer, López Obrador agradeció el respetuoso actuar de EPN durante el proceso electoral.

 

 

Y estableció de igual manera su compromiso de ser cuidadoso de la autonomía del Banco de México, “que se va a mantener una política macroeconómica con equilibrios fiscales, que no va a haber injerencia en temas financieros”, como el tipo de cambio.

 

 

Ojalá que ese discurso no sea solamente de los dientes para afuera y que las instituciones sean respetadas en todo momento por el nuevo gobierno.

 

 

Los mexicanos sí desean cambios en la manera de actuar de los gobernantes hacia el pueblo, de eso puede estar seguro. Pero de ahí a fortalecer un régimen que acarree sobresaltos e inestabilidad, hay mucha diferencia.

 

 

Ojo, pues.
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