Francisco I. Madero en Navojoa

La decadencia del Gobierno de Porfirio Díaz hacia finales de la primera década del siglo XX mostraba señales de su inminente salida después de 30 años en el poder. Según sus propias declaraciones en aquella famosa entrevista con el periodista James Creelman: “No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios, me retiraré cuando termine el presente período y no volveré a gobernar otra vez. Para entonces tendré ya 80 años” (Publicada en marzo de 1908 en la Revista Pearson’s Magazine, Nueva York, E.U.A.).
El pueblo mexicano estaba convencido de que el delegado del Estado de Morelos, Francisco Bulnes, tenía razón cuando expresó cinco años antes en la Segunda Convención Nacional Liberal: “La paz está en las calles, en los casinos, en los teatros, en los templos, en los caminos públicos, en los cuarteles, en las escuelas, en la diplomacia, pero no existe ya en las conciencias”.
Posterior a las declaraciones de Díaz, en los estados empezaron a surgir candidatos independientes que trataban de oponerse a su poder. Uno de ellos fue Francisco I. Madero, quien consideró la necesidad de una organización nacional para luchar en contra de la centralización del poder político que padecía el país. Así, en mayo de 1909 formó el Club Antirreeleccionista, que después se convertiría en partido político con figuras destacadas como Emilio Vázquez Gómez, José Vasconcelos, Roque Estrada y Luis Cabrera, entre otros, cuyo lema fue “Sufragio efectivo y no reelección”.
En esta nueva organización política se señala la necesidad de hacer una amplia propaganda para despertar y atraer a la opinión pública y Madero inicia en junio del mismo año su primera gira de dos meses por Veracruz, Yucatán, Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, con altibajos en los resultados.
La segunda gira, iniciada el 22 de diciembre de 1909, fue muy distinta a la primera. Las autoridades vieron con preocupación la respuesta favorable de la gente y esto provocó que se tomaran represalias en su contra. En esta ocasión recorrió Querétaro, Jalisco, Colima, Sinaloa, Sonora y Chihuahua y, por primera vez, la concurrencia a sus mítines se contó por miles.
Así fue como Madero llegó a Navojoa el 8 de enero de 1910 acompañado por su esposa, Sara Pérez, su fiel amigo Roque Estrada y el estenógrafo Elías de los Ríos. Como lo describe Héctor Aguilar Camín en su libro “La Frontera Nómada”, primera edición, 1977: “Una madrugada glacial, típica del invierno en las desnudas planicies sonorenses, y doscientos simpatizantes armados con ‘vítores y cámara’, recibieron a la comitiva maderista en la estación del ferrocarril de Navojoa”.
Entre las personas que lo recibieron se cuentan el coronel Severiano Talamante, sus hijos Arnulfo y Severiano, sus sobrinos Guillermo y Roque Chávez Talamante, los señores Fermín Carpio, Leobardo Tellechea, Ataulfo Bórquez, Inocente Amparán y Demetrio Esquer y, por supuesto, quienes dirigían en esta ciudad el Club Antirreeleccionista, los señores Benjamín G. Hill, Flavio Bórquez, Jesús Tirado y Fortino Gámez. Ahí, subido en un templete, pronunció su primer discurso.
La segunda reunión política se trató de realizar en la plaza principal de Pueblo Viejo (hoy en día lleva el nombre de Francisco I. Madero), pero no lo permitió el presidente municipal, José Morales, ni las fuerzas federales destacadas en esta población. Entonces optaron por reunirse en la huerta del señor Inocente Amparán, donde acudieron cientos de vecinos y numerosos indios mayos, habiéndose referido al problema electoral y a la situación en que vivían estos últimos. Esa noche se hospedan en el Hotel Valenzuela, según testimonios recogidos por don Manuel Hernández Salomón, cronista de Navojoa.
Al día siguiente viaja a Álamos, donde es recibido con beneplácito y se le organiza una fiesta por la noche. Después de pernoctar en esa ciudad, regresa a Navojoa para hospedarse con don Severiano Talamante y posteriormente partir a Guaymas, finalizando su gira política en el sur del Estado.
Nadie se imaginaba que entre esos múltiples simpatizantes, incluyendo gran cantidad de mayos, se encontraban quienes lo acompañarían meses después en la lucha armada que se inició el 20 de noviembre de 1910: la Revolución Mexicana.

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