El “tengo miedo” resume el coro de los enemigos de López Obrador

El “tengo miedo” resume el coro de los enemigos de López Obrador

Jenaro Villamil
PROCESO.-
En los días previos al primer debate entre los cinco candidatos presidenciales arreció una estrategia de crítica, denuncia y golpeteo mediático contra Andrés Manuel López Obrador, el aspirante de Morena que por tercera vez contiende por la Presidencia de la República y se ha colocado más de 20 puntos arriba de Ricardo Anaya, del frente PAN-PRD-MC.

 

 

En una demostración de “nado sincronizado”, los cuatro adversarios de López Obrador, más la mayoría de los comentaristas identificados con las posiciones gubernamentales, han inundado la cobertura de las campañas presidenciales con ataques al exjefe de Gobierno capitalino, al grado que ocho de cada 10 notas informativas se refieren a él, ya sea de manera negativa o crítica, al grado de convertir al tabasqueño en el protagonista central de la contienda.

 

 

En menos de una semana se ensayaron todo tipo de golpes para buscar un resbalón de López Obrador. Desde la presunta violencia de los maestros de la CNTE que se expresaron en contra de Meade en Puerto Escondido, Oaxaca, hasta la renta de un aerotaxi que comprobaría la “incongruencia” del candidato de Morena, pasando por la polarización frente al debate sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), con la incorporación del empresario Carlos Slim al ring electoral.

 

 

 

EL DESPEGUE EN LAS ENCUESTAS
El ataque simultáneo y casi concertado entre los cuatro adversarios y sus voceros coincidió con la publicación de dos encuestas, una del periódico Reforma y otra de Consulta Mitofsky, que confirmaron la errática estrategia del oficialismo para atacar a Ricardo Anaya, con la idea de bajarlo del segundo sitio en la contienda y beneficiar a Meade.

 

 

Ambas encuestas demostraron lo contrario: En efecto, Anaya disminuyó entre seis puntos (Reforma) y dos puntos (Consulta Mitofsky), que fueron exactamente los que creció López Obrador entre febrero y abril. Meade se estancó entre 18% (Reforma) y 11% (Consulta Mitofsky), en un lejano tercer lugar.

 

 

La encuesta de Reforma, publicada el 18 de abril, prendió los focos rojos en los equipos de campaña: López Obrador se despegó de 42 a 48% entre febrero y abril, mientras Anaya bajó de 32 a 26% y Meade se quedó en 18%. Margarita Zavala se quedó en 5% y Jaime Rodríguez, “El Bronco”, apenas registró 3% de intención del voto.

 

 

La misma encuesta desmintió, en los hechos, un “sondeo” publicado un día antes por el mismo periódico entre estudiantes universitarios de Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México, el cual se aplicó a mil 500 jóvenes y le dio una ventaja de 45% a Anaya, frente a 21% de López Obrador y 16% de Meade.

 

 

 

LA CORRUPCIÓN
En otras palabras, el candidato del oficialismo no capitalizó el ataque de la PGR y del PRI contra Anaya por presunta triangulación de fondos en la compraventa de un terreno en Querétaro.

 

 

El “efecto teflón” de López Obrador lo ha beneficiado ante los recientes ataques y más cuando se trata de temas de corrupción. Cuando cuestionan a Anaya por presuntos actos de corrupción, el beneficiario ha sido el tabasqueño.

 

 

El nivel de rechazo al Gobierno de Enrique Peña Nieto se mantiene alto en la percepción pública y el tema de la corrupción es la principal crítica. La encuesta de Reforma señaló que 76% de sus mil 200 encuestados desaprueba la administración de Peña Nieto y el principal cuestionamiento hacia el PRI y el actual Gobierno Federal es por el cúmulo de escándalos de corrupción y la persistencia de la impunidad.El jueves 19 de abril, la Secretaría de la Función Pública afirmó que las sanciones impuestas a Luis Alberto Meneses Weyll, ex directivo de la empresa brasileña Odebrecht, “son estrictamente en el ámbito administrativo y son autónomas a las investigaciones que realicen por probables conductas delictivas”.

 

 

La dependencia dirigida por Arely Gómez, ex procuradora general de la República, precisó que sólo le correspondió investigar los contratos celebrados entre Odebrecht y sus filiales en México, por lo que las declaraciones de Meneses Weyll, quien acusó en una Corte estadounidense a Emilio Lozoya Austin de haber recibido sobornos por 10 mdd, no se encuentran en sus expedientes.

 

 

Ni la PGR ni la Fepade han vuelto a mencionar las investigaciones sobre presunta corrupción del ex director general de Pemex, quien ha presumido que tiene “el tiempo y el dinero suficiente para darles en la madre” a quienes lo vinculan con la red de corrupción de Odebrecht.

 

 

El viernes 20 de abril, dos días antes del primer debate, el ex gobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington fue extraditado por el Gobierno de Italia a EU, mientras en México la cancillería a cargo de Luis Videgaray no ha hecho nada para pedir la extradición del ex gobernador de Chihuahua César Duarte, acusado también por peculado, desvío de fondos y fraude financiero, según el gobernador panista Javier Corral.

 

 

El vínculo entre el Gobierno de Peña Nieto y el grupo de Tomás Yarrington, acusado desde 2012 en Texas por presunto lavado de dinero y protección a los cárteles del Golfo y de Los Zetas para transportar droga a territorio estadounidense durante su administración estatal (1999-2004) revivió con el nombramiento de Baltazar Hinojosa, ex colaborador de la administración del tamaulipeco y ex alcalde de Matamoros, como nuevo titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

 

 

Ante estos expedientes, el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, y el propio José Antonio Meade han acusado de corrupción a López Obrador por la renta de una avioneta Cessna 401 para trasladarse a Nogales, Sonora, con lo que supuestamente confirma su “incongruencia” al declarar que nunca utilizaría aviones privados.

 

 

Las acusaciones involucraron al Grupo México, del magnate Germán Larrea, como propietario de la avioneta. En desplegados de prensa pagados, el 17 de abril ese consorcio minero calificó de “falsa” esta información y se deslindó de López Obrador por la nominación de Napoleón Gómez Urrutia, líder del sindicato minero, como candidato plurinominal al Senado por Morena.

DEBATE DE ESPEJISMOS

Ernesto Villanueva
En una sociedad democrática el debate electoral es un espacio donde los candidatos exponen y defienden sus ideas y propuestas, en tanto que los electores pueden compararlas y analizarlas para estar en condiciones de ejercer un voto informado.

 

 

Lo anterior, es importante precisarlo, sólo sucede en el terreno de la utopía y en las democracias consolidadas. México, como es sabido, no es una democracia; es, en cambio, una apariencia de estado de derecho, un lugar donde las asimetrías económicas y sociales son alentadas por su diseño institucional, una nación cuyos habitantes tienen gran capacidad de resiliencia (es decir, de recuperarse rápidamente de sus padecimientos o trastornos con secuelas mínimas), un país donde la movilización social es inversamente proporcional a su potencial de expresión verbal.

 

 

En ese contexto, a cualquier persona con sentido común (que es, se dice, el menos común de los sentidos) sorprende que nadie actúe sobre las condiciones objetivables que tienen atrapado al país, sino que se simule que se “vive” una democracia.

 

 

Ahora toca el turno a los debates, donde no hay ganadores ni perdedores. Además del papel que juegan las filias y fobias de medios y analistas, va a ganar quien de antemano quiere que gane el probable votante. Es lo que se denomina sesgo confirmatorio, el cual parte de que las personas van a oír con mayor interés aquellas informaciones que sean más compatibles con sus valores y juicios predeterminados. El INE hace como que hace y se abstrae de la realidad para ubicarse en un mundo paralelo, al que lo acompañan los políticos, los analistas y los medios de comunicación para articular esa realidad virtual de espejos donde la apariencia tiene el rol estelar.

 

 

Incluso en ese mundo paralelo, el INE se vio obligado a “pedir” algo a Netflix, empresa que otorga servicios de series y películas a un pequeñísimo sector de la población por ser de paga y con una audiencia mucho menor que las cadenas de televisión abierta: Que cambiara el horario de una serie para que México de pie, expectante, esté con la mirada y la atención puestas en lo que tengan que decir los candidatos en los debates.

 

 

¿Somos o nos hacemos? ¿Alguien cree en verdad que el órgano electoral de Finlandia o Dinamarca le pediría a una empresa de video por Internet que cambie sus horarios? ¿No se supondría que si en México se vive en democracia, Netflix, por iniciativa propia, habría cambiado su horario de estreno de una serie porque el debate lo dejaría sin público, en virtud de la gran cultura cívica de los mexicanos que están al pendiente de lo que podría ser su destino colectivo e individual los próximos seis años, al menos?

 

 

Esos mundos coexisten en un mismo lugar y momento. El de la realidad indica que las elecciones las decidirán los muy desacreditados magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación designados por el propio régimen y cuyas resoluciones son irrevocables, como se corroboró con el insólito caso del señor “Bronco”, y el año pasado con los resultados en el Estado de México.

 

 

El voto es un ingrediente necesario en los resultados, pero, por desgracia, no define por sí sólo quién gana a final de cuentas. Y por si alguien tuviera duda, las Fuerzas Armadas son “institucionales”; en otras palabras, están al servicio del statu quo formalmente “legal”, pero con grandes problemas de legitimidad.

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