El mudo diálogo de SEC

En el discurso, la Secretaría de Educación y Cultura dice estar dispuesta al diálogo con los padres de familia opositores al derrumbe o cambio de escuelas en la zona de Cócorit.

 

 

Pero en la práctica, se demostró ayer en el caso de la primaria Cámara Junior, la dependencia solamente gusta del monólogo como vía para imponer sus intereses.

 

 

Y es que, según lo constatado por los reporteros de los diversos medios de comunicación, la SEC convocó a dialogar a los padres de familia a la escuela Cámara Junior.

 

 

Los padres de familia e incluso algunos maestros estuvieron puntuales en su plantel dispuestos a dar la batalla contra la pretendida imposición de un nuevo centro escolar, sin importar el pensamiento de la sociedad afectada.

 

 

Pero resulta que los funcionarios de la SEC, de la Supervisión Escolar, se apertrecharon en las nuevas instalaciones construidas en una zona que los vecinos consideran riesgosa, pues según los testimonios, ya van dos presuntos narcomenudistas muertos a una cuadra del nuevo edificio.

 

 

Y ahí fue donde comenzó el estira y afloja. Los “servidores” públicos se montaron en su macho y los padres, o más bien las madres porque eran más las mujeres, en el suyo.

 

 

Cada grupo quería que el otro se acercara a donde ellos estaban. Y, como dice la canción de José Alfredo, “y así pasaron muchas… muchas horas”.

 

 

Esa es la capacidad de diálogo de la SEC. Abraham Montijo, representante de la dependencia, con su clásica arrogancia, ni siquiera fue para visitar a los quejosos. Cree que por el hecho de ellos ordenar, ya se deben cumplir las órdenes.

 

 

Como si no supiera que en este proceso de cambio de plantel hay un juicio de amparo de por medio y ya se ha dictaminado que las cosas queden en el estado en que se encuentran. Pero como a los funcionarios la ley les vale, quieren hacer su santa voluntad de que las clases inicien el lunes en la otra escuela.

 

 

En la Clotilde Flores, otra escuela amenazada con ser derrumbada, la situación no es distinta. Llaman a los padres a dialogar sólo para casi obligarlos a que acepten las condiciones de la dependencia.

 

 

Uno se pregunta que si por el hecho de que haya temblado una vez, la emblemática escuela tiene que ser derribada. Si ese fuera el caso, miles de edificios de la Ciudad de México ya hubieran mordido el polvo, como ya lo han hecho algunos que en verdad si recibieron daños estructurales.

 

 

O, como cuestionan algunos padres, lo que en verdad se quiere es quitar ese edificio para dar paso al hotel que un poderoso empresario desea establecer ahí a fin de cumplir un requisito más en la transformación de Cócorit en “Pueblo Mágico”.

 

 

Pueden rebatir las autoridades que el edificio no cumple las condiciones del Instituto Nacional de Antropología en cuanto a su periodo de construcción. Puede que tengan razón.

 

 

Pero deben tomar en cuenta el sentir de la gente y no por querer quedar bien con un proyecto empresarial, se quieran eliminar dos escuelas tan ligadas al pueblo.

 

 

Ahora, como muchos han preguntado, ¿por qué de pronto la prisa por derrumbar escuelas en Obregón y el sur de Sonora? ¿A quién se beneficia con esas obras en las que no pensaron en la historia regional sino en sus propios intereses?

 

 

O bien: ¿a quién enseñaron los verdaderos dictámenes técnicos sobre el daño estructural de los edificios?

 

 

Pero, como desde un principio se dijo, ese es el mudo diálogo de la SEC.

 

 

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