El gallo número trece

El gallo número trece

Por: Gaspar Juárez López (+)

Hay personas que entorno de ellas surgen mil anécdotas. Uno de éstos es Jesús “Hugo” Rubalcava, de quien ya he publicado algunas, pero cuando hurgo en busca de una nueva, sale otra, como ésta.
Señalé que “Hugo” dentro de muchas actividades que sabe desarrollar, una que más le apasiona es la de los gallos de pelea.
En este “negocio”, se le ve en casi todos los palenques que se instalan en la República; cuenta el famoso “Caracas”, que en los inicios de “gallero” a “Hugo” se le ocurrió al famoso “Caracas”, que en los inicios de “gallero” a “Hugo” se le ocurrió cubrir uno de sus más caros anhelos, llegar con su cuadra a la feria de San Marcos, en Aguascalientes.
Como all{a solamente van cuadras de gallos de buena cruza, cuentan que para que no desluzcan las peleas, a los gallos les hacen una prueba avent{andolos contra uan red de frontón; el tirador es más o menos como un tirador de futbol americano, el caso es que si los gallos no se estrellan los programan. La cuadra de “Hugo” quedó untada en la pared.
Pues bien “Hugo” fue invitado a participar en un palenque que se instaló en Guasave, Sinaloa, con motivo de las fiestas de la virgen del Rosario, en octubre.
Para el caso se llevó seleccionados trece gallos; de todas las peleas, en que participó iba perdiéndolas todas, eso si, muy reñidas, dada la bravura de sus gallos.
En la final quedaba solamente un gallo, al parecer “giro” de muy bonita estampa y consentido de “Hugo”.
La pelea se pusó muy pareja porque el otro gallo era también muy bravo. Total que a jalones de cresta, arrancadas de plumas y soplidos en el pico de ambos contendientes, iba pasando la pelea, hasta que el de “Hugo” “noqueó” al otro, llevándose una carretada de aplausos.
El gallo de “Hugo” quedó muy navajeado y muy pronto lo empezó a curar, como en la película el “Gallo de Oro “ con López Tarso.
Al regreso a Cajeme puso al gallo en la parte trasera del carro, subieron todos, pero al cerrar las puertas el gallo se convulsionó con tan mala suerte que la última puerta que se cerró y lo trozó del “buchi”.

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