El debate, triste espectáculo de las cúpulas, en el que los contendientes exhibieron su mediocridad y sus ansias de poder, por el poder mismo

– Todos contra AMLO. Como pandilla oficial, no lograron sacarlo de sus carriles, manteniéndose firme y decidido el tabasqueño en buscar solución a los grandes problemas nacionales
– En ese superior objetivo, en el segundo round, con uppercut cortito, puso a bailar a “El Bronco” el “Son de la negra”, y en el cuarto, quinto y sexto asalto les aventó dos costales de carne podrida a Meade y Anaya, ambos terminando por molonquearse, mientras Zavala sólo cantaba como blanca palomita “cu, cu, cu!

 

 

 

A semejanza de los espectáculos armados en Las Vegas, Nevada, para medir las preferencias de los fans en torno a los contrincantes en las peleas estelares, las apuestas en los casinos y las entradas calculadas en sumas millonarias, esta vez, a pesar de la creciente audiencia registrada, según los medios nacionales y encuestadores, reafirmando el debate como otro gran acierto en pos del avance democrático del país, fue según el comentario general de la gente –no de López Dóriga, Loret de Mola, Carlos Marín, Jorge Castañeda, Leo Zuckermann y demás gatilleros a sueldo de Televisa–, un verdadero fracaso, por la parcialidad y tendencias en que manejaron los tiempos, las preguntas, con escasos márgenes para el análisis, la reflexión y posibles soluciones a los principales temas de la agenda nacional; privilegiándose desde el arranque del evento televisivo, como si Sergio Sarmiento y Denise Maerker estuvieran programados para atizarle a José Antonio Meade Kuribreña, Ricardo Anaya Cortés, Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” y Margarita Zavala Gómez del Campo, para arremeter contra el puntero, Andrés Manuel López Obrador, quien arrinconado, a base incesantes jabs, uppercut y dos que tres bandazos, sin perder el ritmo y guardar oxígeno hasta el final, logró exhibirlos ante la opinión pública nacional como unos montoneros enviados por la mafia del poder para destruir el proyecto político en pos de la trasformación del país. En esa manipulada dinámica, perversamente orquestada desde el segundo asalto, visto en vivo y a todo color por millones de mexicanos, cuando con todo, “El Bronco” se le fue encima al tabasqueño metiéndose a su guardia, cuestionando la anticipada decisión contra las reformas estructurales, el avión presidencial y el nombramiento del fiscal de la nación, y que si porqué estaba anunciando tomar esas decisiones si aún no sabía si sería presidente. Magistral, el “Peje”, como cuando Juan Manuel Márquez tendido dejó a Pacquiao en Las Vegas con poderoso uppercut a la mandíbula, dio un pasito atrás y se acomodó al altivo regiomontano para pegarle en la punta de la barbilla, poniéndolo a bailar el “Son de la negra”, en un estate quieto que lo paralizó con sólo enseñarle la laminilla aquella en la que se alcanzó a leer la enorme distancia de 42 puntos a su favor contra 3.5 de Rodríguez Calderón. Puesto a prueba una y otra vez, la gran experiencia acumulada por el líder de Morena en el cuarto, quinto y sexto asalto, ante el desbocado protagonismo de Ricardo Anaya, a quien chiquito se le hacía el prefabricado escenario para acaparar reflectores; en tanto, José Antonio Meade, como un vil perdido, inocentemente se presentó una y otra vez como un virtual desconocido, totalmente fuera de concentración, desde la ignominia de no saber si procedía de Acción Nacional o del tricolor, o ser un fantasmagórico ciudadano carente de identidad dentro de la nación mexicana; AMLO, en él referencia a los problemas de la inseguridad, la corrupción, la violencia y la impunidad, conceptualmente, en profunda reflexión, les restregó en su cara que la violencia no se resuelve con más violencia y el fuego no se apagará con más fuego, porque las causas de esos grandes problemas están en la extrema pobreza, la desigualdad, la corrupción y la impunidad de las mafias del poder. Los exhibió, esto es, como si el de Macuspana, Tabasco, les hubiera aventado dos costales de carne podrida, como sucedió, terminándose los dos, Meade y Anaya, por molonquearse como perros callejeros, en donde una vez más evidenciaron la desmedida y desesperada búsqueda del poder político de la república, por el poder mismo, importándoles un comino la problemática hoy en día que está afectando a la nación, como un cuerpo putrefacto, cayéndose a pedazos por todas partes, mientras desvergonzadamente los susodichos del Prian continúan defendiendo a las mafias causantes de la insoportable situación, que ha llevado a millones de mexicanos a decidir abiertamente, por sobre campañas, spots y debates, a estar listos para votar según la opinión generalizada por “ya saben quién”, en inéditos escenarios en donde el único voto útil será a favor del cambio el próximo 1 de julio.

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