El agua en la región del Mayo

La historia de la humanidad y sus asentamientos siempre han estado ligados al agua, vital líquido, imprescindible para la vida y, por lo mismo, generador de disputas entre pueblos y naciones, entre “naturales” y colonizadores, una lucha a veces desigual, pero siempre una lucha por la vida misma.
Ríos famosos han albergado en sus márgenes a grandes civilizaciones; otros menos conocidos también han sido elegidos para vivir a sus orillas por la riqueza natural que les ofrece. Ejemplos de algunos mundialmente conocidos: Amazonas, Danubio, Volga, Ebro, Mississippi, Nilo, Iguazú, Ganges, Orinoco, Rin, Sena; en nuestro país, Usumacinta, Grijalva, Bravo, Lerma, Pánuco y Balsas. En Sinaloa, conocido como la “Tierra de los 11 ríos”: Mocorito, Elota, Sinaloa, Tamazula, por mencionar unos pocos. En nuestro Estado, los más conocidos: Sonora, Yaqui, Colorado y Mayo. Este último, nuestro orgullo y detonador de la revolución verde, que ha brindado alimento a infinidad de personas en nuestro país y el mundo.
La historia de la región del Mayo registra algunos datos interesantes sobre el aprovechamiento de las aguas del río Mayo y algunas obras para crear canales e introducir técnicas de riego en terrenos que, hasta entonces, no eran aprovechados para su cultivo.
Es importante destacar que el desarrollo agrícola que inició en la segunda mitad del siglo XIX, fue consecuencia de las crisis que se presentó en la explotación de las minas y que esos capitales, surgidos principalmente por la obtención y comercialización de la plata, se volcaron al Valle del Mayo para diversificar la economía de esta región; fue el paso de la minería a la agricultura.
La distribución de estas dos actividades económicas, minería y agricultura, se encontraba de la siguiente manera: Los centros poblacionales más importantes del sureste del Estado de Sonora tenían una relación muy estrecha con la minería, como Álamos, La Aduana, Minas Nuevas, Promontorios, Batacosa, Baroyeca, Tepahui, Quiriego, Rosario, Nuri, Movas y Río Chico, y sólo las poblaciones de Conicárit y Camoa, eran preferentemente agrícolas.
Así, se registra la primera concesión oficial para el aprovechamiento de las aguas del Río Mayo en 1865, según datos consignados en el “Álbum del Mayo y del Yaqui. Directorio Comercial”, editado en Navojoa por Raúl E. Montaño y Octavio Gaxiola en 1933.
Ahí se anota que el comandante militar del Distrito de Álamos, extiende concesión de aguas sobre el Río Mayo a los hermanos Martín, Juan y José de Jesús Salido, para aprovechar 24 litros por segundo de dicho recurso en un punto localizado en la jurisdicción del pueblo de Camoa, quienes construyen un canal o acequia sobre la margen izquierda del río, construido, en su mayor parte, con piedra y cal para irrigar 300 hectáreas; además, se inició la instalación de un molino de piedra, el cual sería accionado con una máquina de vapor de 70 HP (caballos de fuerza), colocado en un edificio de cuatro pisos, todo con un costo de 30 mil pesos.
Los hermanos Salido fueron los pioneros. Después, en 1871 fue otorgada la segunda concesión de aguas del Río Mayo, según datos extraídos de “Actas de Cabildo del Ayuntamiento de Álamos”, por Don Manuel Hernández Salomón, ex cronista de Navojoa, que a la letra dice: “El Sr. Antonio Goycochea presenta solicitud al Ayuntamiento de Álamos para que le concediesen permiso para tomar dos bueyes de agua (312 litros por segundo) del Río Mayo, para irrigar un terreno de siembra en la Hacienda Santa Bárbara de su propiedad, ubicada a 1500 varas aguas arriba de la Hacienda Tres Hermanos, propiedad de los señores Salido”.
Esto fue sólo el inicio del auge agrícola, que ha puesto en el mapa nacional a la región del Mayo como uno de los principales productores, pasando por cultivos de garbanzo, trigo, algodón, oleaginosas, hortalizas y una larga lista de productos, hasta la actualidad. El Valle del Mayo, un orgullo para nuestro país.

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