Dolor de larva

Por: Mara Romero

El descender de la palabra es rito,
renunciación a mi sosiego,
mis insomnios, toda yo,
desgranándome en un ir despacio de mundo,
peleando con un ánima
que le quedó grande la vida.

El dolor como larva
incuba lobos imaginarios,
lame mi arrogancia;
tu laborioso deseo envilece
fallido intento de estirar caricias,
regaño en papel,
llanto de cenizas,
grito lisiado de verdad,
cortada lengua.

Anémica de ti
entume mi confianza;
bebo lumbre que mi voz apaga,
descuartiza mis frases,
me guía al lugar de los poetas
en su limbo;
mientras tanto,
siento la pantalla donde pasa la vida,
que mordaz ante mí, redime,
y compensa mis escenas de locura,
suerte volteada al revés
que no me deja ver el rostro de Dios.

Mi descenso es guiado por ángeles herejes,
conocen los trucos de mi agotamiento,
lurios, festejan mi reclamo de lava,
me hacen sufrir por los dos,
ablandan mis miedos
y empujan mi salida de este cuerpo.

Escucho la noche gemir,
canto para mis oídos,
sollozo aderezo anunciando tu llegada;
todo se multiplica en otra dimensión;
un ser moribundo aletea en mi ventana,
quiere dar un mensaje, mueca de eternidad,
viento desgreñado que en mí se puebla;
y pasa el centauro frente ami ventana
haciendo reverencia;
mira intensamente sellando su curiosidad
con el rubor de mis caras,
sabe de una muerte que esta por llegar.

Todo es tan oscuro aquí,
y la sombra de una daga parece
partir la silueta de mis palabras;
extraño mi temblor de amar al amanecer,
pelea de cuerpos
por terminar juntos,
fatiga.

Me duelo ambigua,
enfermedad que no alcanza apaciguarse,
y parece madurar con el tiempo su locura
que me llena en gotas;
voz taladrante en mi conciencia,
esculpida fortaleza.

Esta fue mi historia
transformación privada,
enmienda por escudriñar verdugos
que se retuercen en renglones,
y me hacen escribir,
perder mi rastro.

Dejar un Comentario