Del huachicol a la oportunidad

Imposible no hablar del tema de momento. Las acciones que emprendió el Presidente Andrés Manuel López Obrador para combatir el robo de combustible o conocido popularmente como huachicoleo, ha generado un ambiente de caos y de histeria colectiva en varias entidades del país; ha provocado imágenes que sólo habíamos visto en las noticias que hablaban de las crisis políticas y económicas de otros países y hasta en las populares series de televisión cuando tratan del apocalipsis.
Pero después de tanto ruido mediático, una cosa sí está clara: las críticas y molestias expresadas se han generado por la ejecución de la estrategia, que pareciera más producto de una idea improvisada que de un plan bien pensado; pero no creo que haya un mexicano que esté en contra del objetivo principal: acabar con la ordeña ilegal de un recurso que por décadas se nos ha inculcado que es de todos los mexicanos.
Estoy seguro que es y ha sido grande la molestia de quienes han tenido que hacer cola y esperar por horas para poder comprar combustible. El tiempo perdido, que seguramente afecta directamente en las labores diarias y actividades económicas de muchas familias y negocios, es incalculable; pero también comienza a surgir el sentimiento de indignación de toda una nación que por primera vez comenzamos a identificar la magnitud del daño que se ha hecho y se le hace a nuestra nación con el huachicoleo.
Soy uno de esos mexicanos que desde siempre que escuchaba que México es rico por su petróleo y que este insumo es de y para los mexicanos, sentía más bien una especie de burla y cinismo; pues ver la pobreza en la que viven millones de familias, en condiciones insalubres y nulo acceso a servicios básicos; infraestructura obsoleta, transporte caro y anticuado, y cero apoyo a quien decide emprender, generar y producir no cuadraba con ese México rico y orgulloso por su petróleo.
Pero el daño ocasionado a nuestro país no sólo se explica en los números rojos que Pemex presentaba en sus balances contables, sino en el atraso generado en nuestra economía por caer en la mediocridad producida por la comodidad de los ingresos petroleros que al parecer había para todo y para todos quienes actuaban en una dolosa complicidad en lugar de haber apostado por una industria petrolera competitiva y moderna que verdaderamente generara un México más preparado para cuando los combustibles fósiles fueran historia y el mejor recurso para afrontar los retos actuales fueran los talentos humanos de los mexicanos.
Las teorías conspiradoras y críticas por la forma de combatir el huachicol seguirán en los medios durante las próximas semanas, no tengo ninguna duda; el tema da para más. Se trata del recurso natural más representativo de México y de una industria que hizo que el sistema político y de gobierno de nuestro país fuera paternalista y con frecuentes actitudes autoritarias.
Pero el primer paso, siempre el más difícil, está dado. En verdad deseo que esta medicina amarga venga a aliviar un gran mal que sin saber su magnitud padecíamos los mexicanos.
Para quienes hemos estado en responsabilidades de gobierno e identificado vicios, abusos, usos y costumbres dañinas para los bienes públicos, el gran reto ha sido actuar en consecuencia sabiendo que afectarás a intereses que no se quedarán con los brazos cruzados; pero siempre será respetable y valiosa la voluntad de mejorar la situación, algunos con mayor o menor éxito en los resultados pero con la oportunidad de generar un gran cambio.
En verdad deseo éxito en la lucha contra el huachicol, que no sea un simple cambio de manos del negocio lo que hoy vemos; pero deseo con mayor fuerza que ese éxito se vea pronto reflejado en inversión en el verdadero combustible que mueve a México: en sus jóvenes talentos.
Muchas gracias.

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