Cuando Washington no honra sus pactos

Cuando Washington no honra sus pactos

Temoris Grecko
PROCESO.-

Pese a las advertencias de sus aliados –con excepción de Israel–, el presidente Donald Trump rompió el pacto nuclear con Irán que trabajosamente había logrado su antecesor, Barack Obama, y con ello provoca lo que supuestamente quería evitar: el regreso del régimen de Teherán­ a la ruta nuclear. Más aún, su decisión lesionó las relaciones con sus aliados europeos y acrecentó el riesgo de una guerra entre Irán e Israel, cuyas fuerzas militares ya protagonizaron las primeras escaramuzas.

 

 

Pese a que Israel ha atacado posiciones iraníes en Siria, Teherán no había contraatacado. La razón: no estaba dispuesto a darle al presidente estadunidense Donald Trump ningún pretexto para salirse del pacto nuclear que su antecesor, Barack Obama –con el aval de cinco potencias mundiales–, firmó con el entonces presidente iraní, Hasán Rouhaní.

 

 

Romper el pacto, alertaban lo expertos, acercaría la guerra entre esos países de manera directa, con tropas frente a frente, en lugar de los enfrentamientos a través de proxies (fuerzas de terceros, como la milicia libanesa Hezbolá), dado que la guerra civil permitió a Irán desplazar unidades a territorio sirio.

 

 

Si la República Islámica evitaba caer en provocaciones, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, proveyó los argumentos en una presentación que ofreció en Jerusalén, en inglés y con grandes gráficas, no para convencer a Trump de lo que ya estaba convencido, sino para brindarle los elementos para justificar su decisión de romper con el pacto nuclear.

 

 

No importó que todos los demás firmantes del pacto (Rusia, China, Alemania, Gran Bretaña y Francia, más el propio Irán) hubieran insistido en todos los tonos en la importancia vital de sostenerlo, ni que el arma humeante que había enseñado Netanyahu para demostrar que Irán violaba los términos a los que estaba obligado, fuera en realidad pólvora mojada y vieja: Trump anunció que rompía el acuerdo para conseguir que “el mundo sea un lugar más seguro”.

 

 

Los expertos, sin embargo, destacan los signos en sentido contrario: Irán está a punto de regresar a la ruta nuclear; crece el riesgo de una guerra con Israel, y Washington abre una fisura con las potencias europeas –que ahora buscan una forma de evitar que Teherán abandone el pacto–, como no se había visto desde la invasión a Irak.

 

 

El martes 8, una hora después de que Trump hizo su anuncio, aviones israelíes bombardearon posiciones en Siria, una de ellas, un arsenal iraní donde murieron al menos nueve soldados de los Guardianes de la Revolución de ese país. De inmediato, el ejército de Israel ordenó a las autoridades civiles abrir los refugios antibombas.

 

 

Con razón: al día siguiente, unidades iraníes de la poderosa fuerza Al Qods atacaron Israel, por primera vez en la historia, con al menos una veintena de misiles que fueron interceptados. Y el jueves 10 Israel respondió con 28 cazas F-15 y F-16 que lanzaron más de 60 misiles sobre posiciones iraníes, causando 23 muertos. Fue su mayor ofensiva sobre territorio sirio desde la guerra de 1973.

 

 

Y el conflicto amenaza con escalar.

 

 

 

EL “ARCO CHIITA”
La secuencia de eventos iniciada con el derribo del régimen de Sadam Husein en Irak, en abril de 2003, por la invasión estadunidense que, según el grupo de neoconservadores del presidente George W. Bush, marcaría el inicio de un “nuevo siglo Americano”, ha conducido, 15 años después, a un ostensible debilitamiento de la influencia de Washington en Medio Oriente, con el correspondiente fortalecimiento de sus enemigos: Irán y Rusia.

 

 

Lo que se ha establecido con firmeza es el llamado “arco chiita”, que corre desde Teherán, sobre el Mar Caspio y el Golfo Pérsico, hasta Beirut, en el Mediterráneo, pasando por Bagdad y Damasco.

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