Chuparrosa (Amaziliaberyllina)

Chuparrosa (Amaziliaberyllina)

Profr. Juan Vidal Castillo

Uno de los grupos de aves más notorio de la avifauna nacional, especialmente por su tamaño y colorido, lo conforman los colibríes, chuparrosas o chupamirtos.

 

 

Todos ellos se agrupan dentro de la familia trochilidae, endémica del continente americano, que cuenta con alrededor de 350 especies en total.

 

 

Tradicionalmente se ha considerado que los colibríes se encuentran emparentados con los vencejos (un grupo de aves semejante a las golondrinas) en el orden apodiformes, gracias a las evidencias proporcionadas por su anatomía, especialmente la estructura de sus patas y alas.

 

 

Sin embargo, de acuerdo con estudios taxonómicos recientes que involucran técnicas de hibridación del ADN, se les ubica dentro órdenes separados, aunque emparentados.

 

 

Aunque se distribuyen desde Alaska hasta Chile, la mayor diversidad de especies se encuentra en la región tropical.

 

 

El colorido colibrí que hoy nos ocupa, común en el norte de México, común en la reserva ecológica Sierra de Álamos-Río Cuchujaqui es un residente regular durante casi todos los veranos en la zona montañosa y regiones aledañas donde se le puede avistar en comederos o flores.

 

 

Los colibríes sólo pueden posarse en las ramas, ya que se ven imposibilitados para andar o correr sobre el suelo.

 

 

Cuando se posa en árboles, a veces puede emitir un sonido suave de tres notas, como el de una trompeta pequeña.

 

 

 

DESCRIPCIÓN:
Mide 9.5 a 10 centímetros de longitud. El macho presenta la garganta y el pecho de color verde muy brillante, el dorso verde brillante a verde cobrizo o dorado, llegando a ser bronce purpúreo en la grupa, el vientre y bajo la cola, es castaño grisáceo, la cola presentan un color púrpura cobrizo y las alas son predominantemente castañas.

 

 

El pico mide entre 18,5 y 21 mm, es negro arriba y en la punta y rojizo abajo. La hembra es más opaca y el vientre puede ser grisáceo, blancuzco, rosado o beige.

 

 

 

HÁBITAT:
Bosques en zonas montañosas, cañones principalmente a una altura aproximada de entre 1500 y 2000 metros en montañas, en bosques abiertos de pino y roble, o entre sicómoros en cañones con sombra.

 

 

En México, y específicamente en Álamos se encuentra mayormente en piedemontes o laderas de montañas más bajas, especialmente en bosques de roble.

 

 

 

COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO:
En las flores generalmente se alimenta mientras se cierne en el aire y extiende el pico y su lengua larga para lograr profundidad en la flor. En los comederos, puede posarse para atrapar insectos pequeños, volar y atraparlos en el aire o sobrevolar para recogerlos del follaje.

 

 

Las dos partes del pico del picaflor se superponen y calzan de tal forma que el picaflor puede abrir ligeramente el pico y sacar la larga lengua cuando liban néctar.

 

 

 

HUEVOS:
Son de color blanco. La incubación solo la realiza la hembra y probablemente dura más de 2 semanas.

 

 

 

CRÍA:
La hembra alimenta a las crías al colocar su pico en la profundidad de las bocas y regurgitar insectos pequeños, quizás con un poco de néctar. El primer vuelo de la cría ocurre entre los 18 y los 20 días de edad.

 

 

 

DIETA:
Principalmente néctar e insectos. Liba néctar de las flores. También se alimenta de mezclas a base agua y azúcar en comederos para colibríes.

 

 

El néctar es un alimento energético pero es pobre en proteínas, vitaminas y minerales. Por eso suplementan su alimentación con insectos y arañas y especialmente usan estos para alimentar a sus crías.

 

 

Al igual que las abejas pueden calcular la cantidad de azúcar en una flor y pasar por alto las que nos son adecuadas a sus necesidades. Prefieren un contenido de azúcar de alrededor del 25% y si baja a menos de 15% no lo beben.

 

 

 

NIDIFICACIÓN:
El comportamiento de reproducción no se conoce bien. En nuestra región hace nidos durante la temporada de lluvias en verano en árboles o arbustos caducifolios, a veces en coníferas.

 

 

El nido (construido por la hembra) empleando telas de araña, musgo y líquenes, y los aseguran a las ramas y hojas resistentes, bastante por encima del nivel del suelo en forma de copa compacta hecha y está revestido con pelusa vegetal.

 

 

El exterior se camufla con liquen verde.

 

 

 

MIGRACIÓN:
Probablemente no migra en la mayor parte de su zona de distribución. Se desplaza por el norte hacia Estados Unidos en verano.

 

 

En partes de México, se puede trasladar a elevaciones más bajas durante el invierno.

 

 

 

ESTADO DE CONSERVACIÓN:
Especie común y difundida en México, pero puede verse afectada por la pérdida del hábitat.

 

 

 

LEYENDA DE LA CHUPARROSA
Había una vez una pequeña chuparrosa que había perdido a toda su familia mientras volaban lejos huyendo de los días fríos de invierno. Desconsolada y sin fuerzas decidió guarecerse en una cueva oscura de la montaña. Entre ramas y hojas secas, el pobre animalito recordaba las palabras de su madre antes de partir: “Debes permanecer cerca de nosotros y no alejarte, o de lo contrario te perderás”.

 

 

Pero nuestra amiga era muy entretenida, y mientras volaba cerca de su familia le llamaban la atención todo tipo de maravillas, desde el verde de los árboles hasta el azul del cielo. Sin embargo, aquella mañana mientras volaba en lo alto, descubrió algo que no podía dejar de mirar, era un reflejo de luz, un destello a lo lejos en la tierra. Llena de curiosidad, la pequeña ave decidió descender de las alturas para descubrir qué era aquello tan hermoso.

 

 

A medida que se acercaba, pudo descubrir que se trataba de un río inmenso cuya agua era tan cristalina que enamoraba desde el primer instante. “¡Qué aguas tan hermosas!”, repetía una y otra vez mientras observaba el reflejo de sus alas batiendo en la corriente del río. Sin darse cuenta, nuestra amiguita estuvo por varias horas revoloteando sobre el río, contemplando el destello del sol en el agua y maravillándose con la pureza del lugar.

 

 

Fue tanta su emoción que no se le ocurrió más que ir y enseñarle a su familia aquel rincón tan hermoso que había descubierto. Desafortunadamente, el tiempo había pasado y por mucho que él llamó a sus padres, ya no le podían oír, pues se encontraban muy lejos.

 

 

Al ver que se encontraba completamente sola, se asustó tanto que un temblor sacudió su cuerpo, y el arroyo centelleante ya no le parecía tan hermoso. Para colmo, el pajarillo comenzó a ver sombras oscuras y ruidos extraños. El lugar mágico se había convertido en un terreno asolado que cada vez se tornaba más oscuro a medida que el Sol se ocultaba detrás del horizonte.

 

 

Fue entonces cuando el colibrí decidió buscar un lugar donde pasar la noche, y al llegar a la cueva y acomodar las hojas secas en el suelo se tumbó desconsolado con lágrimas en los ojos. “¿Cómo podré regresar con mi familia? Los extraño tanto”, sollozaba el triste animalito.

 

 

Sin embargo, entre lamento y lamento, recordó algo muy importante que siempre le habían dicho sus padres. “Cuando te pierdas, no te alejes del lugar donde nos vistes por última vez y busca el punto más alto para que podamos encontrarte”. ¡Así mismo! Por fin hallaba esperanza el colibrí.

 

 

“Mis padres me estarán buscando cerca de aquí, sólo debo subir a la copa del árbol más alto y esperar a que vengan por mí”. El colibrí estaba contento, y sin pensarlo dos veces, salió a toda velocidad de la cueva para buscar el árbol más grande de todo el lugar.

 

 

Tan alegre estaba el colibrí que revoloteaba con todas las fuerzas de sus alas, y después de buscar y buscar, finalmente pudo encontrar el arroyo donde se había quedado extraviado y una vez allí decidió subir a la copa de un árbol desde donde se veían todos los demás en lo alto. Posado en las ramas, el colibrí comenzó a cantar alegremente para atraer la atención de sus padres, pero era tan contagiosa su melodía, que pronto todos los pájaros del lugar también decidieron cantar junto con el colibrí.

 

 

En poco tiempo, la melodía alcanzaba un volumen cada vez más alto, y gracias a ello, los padres del colibrí lograron reconocer el cántico y retornar al lugar donde el desafortunado pajarillo se había quedado extraviado.

 

 

Desde entonces, el colibrí siempre viaja acompañado de su familia cantando con alegría, pues comprendió que, aunque sintamos miedo, nunca debemos perder las esperanzas y lo más importante, siempre debemos confiar en nosotros mismos.

 

 

Les deseo un bendecido día. Hasta la próxima.

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