Cáncer del agro y la violencia

Cáncer del agro y la violencia

Por: Francisco González Bolón

 

En California, Estados Unidos, donde las leyes se respetan un poco más, acaban de condenar a la empresa Monsanto a pagar 289 millones de dólares a un hombre que alega que los herbicidas a base de glifosato de la compañía, incluido Roundup, le causaron cáncer.
Según los registros encontrados, el caso de Dewayne Johnson es la primera demanda que alega que el glifosato provoca cáncer en llegar a juicio, pero Monsanto, una unidad de la trasnacional Bayer, enfrenta más de cinco mil procesos similares en todo Estados Unidos.

Uno se pregunta si todos aquellos ciudadanos del Valle del Yaqui condenados a muerte por haber estado en contacto con agroquímicos de las grandes empresas, se atrevieran a presentar denuncias, ¿tendrían igual éxito que Dewayne Johnson?

Es difícil aventurar una respuesta porque la justicia mexicana no se caracteriza precisamente, con sus excepciones como en el caso del gasoducto a su paso por territorio yaqui, por generar dictámenes contrarios a los intereses de grandes empresas.

Pero lo mas preocupante a todas luces es que cada día se incrementan los pacientes con cáncer en una región en la que por años se han utilizado los agroquímicos como la mejor vía para arrancarle a la tierra cada vez mayor producción de alimentos.

Se ha envenenado la tierra, el aire, el agua y hasta el subsuelo de la región con estas prácticas, pero nadie responde a la hora de clarificar la fuente de la contaminación que lleva a los hospitales a tener cada vez más personas enfermas en sus áreas oncológicas.

Se ha cancelado la oportunidad de vivir más tiempo a muchas personas a cambio de obtener cada vez más frutos del suelo yaqui y eso, aquí y en China, es un asunto claro de falta de ética.

En la mayoría de las ocasiones, las compañías no advierten del peligro de sus productos. Y quienes los utilizan no son cuidadosos a la hora de dispersarlos, al grado de que en los hogares rurales e incluso muchos urbanos cercanos a tierras de cultivo, se reciben los microorganismos que dañan las células del ser humano poco a poco.

Y nadie advierte el peligro. Cada quien sigue su vida como si nada pasara hasta que en la familia o en el entorno alguien cae enfermo con cáncer y es entonces cuando se comienzan a preguntar las causas de tal enfermedad.

Quizá haga falta una mayor conciencia sobre este problema para unir voces y exigir que las tareas agrícolas utilicen cada día menos agroquímicos hasta exterminarlos.

De otro modo, a nadie le va a interesar que tú o uno de tus amigos o familiares contraiga el mal. Ya el problema está presente desde hace varios años. Pero aún podemos hacer algo para revertirlo. Todo es cuestión de proponérselo.

 

OTRO CÁNCER

Y hablando de cáncer, el de Cajeme es muy evidente: la violencia.

Ya no hay día sin que se registren uno o varios muertos o desaparecidos y cada vez con mayor saña.

Si ese es el legado que se desea para las próximas generaciones, pues podemos seguir pasivos como hasta hoy.

Pero si nos levantamos con las armas de la razón y la cordura, podemos hacer que los violentos abandonen sus prácticas y hasta la región.

Pero mientras sociedad y autoridades dejemos que sigan operando, el aumento de la violencia nos volverá pronto insensibles.

Pero cuando nada nos importe al contemplar indiferentes a nuestro lado a los caídos por la guerra del narcotráfico, entonces estaremos irremediablemente perdidos.

Y a ese extremo no debemos llegar.

Comentarios a: [email protected]

Dejar un Comentario