Cajeme de mis recuerdos… Comercio y tradición

Cajeme de mis recuerdos… Comercio y tradición

Por: Rogelio Arenas Castro

En el Cajeme de mis recuerdos ocupan un lugar destacado aquellos viejos comerciantes que llenaron una función primordial en el desarrollo de esta comunidad.
Es de rigor puntualizar que a esas gentes les tocó vivir una etapa en la cual había una situación muy diferente a la actual, y se puede decir que hace 40 ó 50 años y más, aún con las carencias y necesidades que un pueblo pequeño como el Cajeme de aquellos ayeres tenía; con el salario de aquel tiempo se podía vivir, más o menos decorosamente, me refiero, claro, a mi gente, la del pueblo.
También es cierto que había circulante y alcanzaban los salarios para subsistir. Aunque para aquellos comerciantes de los cuarenta y los cincuenta existieran más oportunidades para vender sus productos, éstos eran un poco más considerados en etiquetar sus mercancías, y por supuesto, también eran más accesibles y por lo consiguiente el pueblo tenía más capacidad de compra.
En la actualidad es muy difícil para un trabajador adquirir un par de zapatos con el salario mínimo, una camisa, un pantalón, etc., porque aunque en aquella época los salarios eran bajos, os precios de estas prendas de vestir también estaban acordes al sueldo percibido.
Esta situación aunada a las ofertas que aquellos comerciantes del viejo Cajeme promovían, daba como consecuencia la proliferación de ventas, en aquellas grandes baratas que se anunciaban en los aparadores, enl os carros de sonido, sistema publicitario muy socorrido, y sin faltar la prensa y la radio, medios que también tenían precios módicos.
Remontémonos en el tiempo y recordemos cuánto costaban un kilo de arroz, otro de frijol, de manteca o de carne, intocable en la actualidad para la clase trabajadora. Aparte de que, con toda confianza, la gente del pueblo íbamos al campo a surtirnos de quelites, verdolagas, mostazas, etc., que con toda confianza podíamos adquirir en los canales de riego de las siembras del Valle. Hoy, esto es imposible y peligroso, porque debido al uso de agroquímicos y otros productos, estos provocan enfermedades y, algunas veces, hasta la muerte.
Habría que recordar cómo se veían diariamente abarrotadas las tiendas como “La Casa Colorada”, de don Porfirio Salomón, por la calle Sonora; “Las Novedades”, de don Pedro Garnier, donde había telas y ropa hecha.
Cuánto costaba comprar unos percales, tafetas, cretonas o un chal, tápalo o rebozo para nuestras mujeres? Recordaremos allí por la calle Durango y No Reelección, a don Marcelino Parra con el “El Buen Marchante”, una tienda pequeña que se sostuvo muchos años. “La Casa Andrade”, La Guaymense, La Primavera, las tiendas grandes como Luders, “Abarrotes, S.A.”; “La Regional” de José Corral.
Aquella tienda “El Paso”, de David Artee; El Nuevo Mundo, de Silviano Rodríguez y tantos otros de aquellos tiempos.
¿Quién de nosotros, el pueblo, claro, no estrenó alguna vez unos zapatos “López Navarro”, de don Jesús Alonso, quien tenía sus Zapatería Alonso frente a la plazuela 18 de Marzo, o unos mocasines de con los Bonilla, de la calle Chihuahua.
Todos estos comerciantes, con un pequeño enganche y abonos hasta de dos pesos semanales, nos entregaban los productos sin mayores trámites.
Recordemos aquellas tiendas de los barrios, como “El Paguilleve”, de Chihuahua y Cuchus; la tienda de don Anacleto Ortega, por la Tézamo; “La Vanguardia” de don Tomás Perea, por la Cuchus y callejón Morelos; “El Toma y Daca”, por la Durango y Guerrero; “La Balanza Comercial”, de Jesús Campa, en Puebla y Zaragoza; “La Crisantema”, de Tamaulipas y Galeana, de don Basilio Ayala y doña Maria Godoy.
Allá por el cuarenta y nueve echa a andar su comercio “El Paso del Yaqui”, don Salvador Varela y su esposa Ramoncita Ayala, matrimonio venido de Zacatecas y que arraigó en mi viejo barrio al final de la calle Cuchus y Tlaxcala.
Es de resaltar que en esos ayeres empezó a llegar mucha gente de otros estados, como he publicado en otros capítulos de este Cajeme de mis Recuerdos, y si analizamos un poco veremos que la mayoría de los comerciantes fueron personas venidas de fuera de Sonora, vecinos que han hecho una tradición en cuanto que aquellos fundadores de los viejos comercios delegadon en sus hijos los negocios que ellos iniciaron, como es el caso de don Silviano Rodríguez, de don Esteban Romano, viejo comerciante del Valle del Yaqui y de quien sus hijos Pepe, Toño y Juan fueron de los comerciantes de frente al Mercado Municipal, por la Galeana. Los Baidón, los Murúe, los Aguilera, los Zaragoza, los Ayala, los Varela, etc.
Todos fueron el tronco del comercio regional en aquel Cajeme de mis Recuerdos y cuyos hijos, ahora, con diferentes profesiones casi todos, han tomado las riendas y han hecho prosperar a pesar de la dureza de los tiempos actuales los negocios del Viejo Cajeme.

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