Ambiente de calor en Sonora

Por: Francisco González Bolón

Ciertamente, en Sonora el horno no está para bollos.
Las condiciones imperantes hacen prever que las temperaturas irán aumentando considerablemente y nadie ha tomado las previsiones correspondientes.

Un día sí y el otro también se discuten las posibles soluciones, pero se sigue llenando el ambiente de tóxicos que degradan el entorno.

El problema, al final de cuentas, es que lo que se destruye, nadie puede repararlo, mucho menos recuperarlo.

Y en ese tránsito hacia la destrucción, mucho tienen que ver los ciudadanos de a pie, como los del gobierno, los legisladores, los empresarios y todo mundo.

Nadie tiene derecho a seguir incrementando la deuda ecológica de Sonora.

Que si qué es eso, se preguntarán dos que tres. Y acá entre nos y en confianza, les diré que es la obligación y responsabilidad de todos por el saqueo y usufructo de los bienes naturales como petróleo, minerales, bosques, biodiversidad, conocimientos, bienes marinos y por el uso ilegítimo de la atmósfera y los océanos, que en su mayoría son recursos no renovables.

Y, como bien nos ilustra la compañera periodista Denisse Robles, Sonora no es de los estados que más contribuyen a la deuda ecológica, sin embargo la ganadería es de las actividades que más recurso natural consume.

En una amplia entrevista con el académico de la Universidad Estatal de Sonora, Daniel García Bedoya, especialista en biología ambiental, hay estados industrializados en los que se consumen más recursos naturales sin compensarlos o recuperarlos y eso es lo que va originando la deuda ecológica.

Para beneficio de Sonora, dijo el especialista, la entidad posee múltiples ecosistemas valiosos como la sierra o el desierto que deben cuidarse por sobre todas las cosas.

Lamentablemente, en muchas zonas sonorenses, como la sierra baja, hay muchas personas sin conciencia del daño causado a su entorno y llegan como depredadores de árboles, agua, minerales y otros productos que hacen mucha falta para el equilibrio natural.

En las ciudades, por ejemplo, las autoridades dan permisos para eliminar árboles en cada nuevo edificio. Y nadie hace algo por sembrar uno nuevo. Los funcionarios solamente hablan de que se entregó determinado número de plantas para reforestar, pero jamás han ido a supervisar el avance de esos que, a estas alturas, deberían ser pulmones naturales en diversas zonas del municipio.

“México tiene muy buena legislación ambiental, de hecho somos referente a nivel mundial, el problema es la corrupción, no aplicamos las leyes como deberían aplicarse, no se aplican las cuotas a la compañías, las multas, hay empresas que prefieren pagar una multa que implementar un sistema para reducir la contaminación”, puntualizó el experto.

En cada uno de nosotros está que esas leyes se conviertan en hechos, no en letra muerta.

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