Amargo trago de Oomapasc

En los rostros de Melisa Sarmiento y Zezart Merino Díaz se dibujó la desconfianza de los mismos trabajadores de Oomapasc en el agua que hacen consumir a los habitantes del Pueblito Kilómetro 9.

 

 

Cuando Agustín Beltrán se “decidió” a tomar el líquido que le ofrecían los habitantes de la comunidad, parecía que la directora de Comunicación Social y el jefe administrativo de Oomapasc sólo esperaban el momento en que su compañero se desvaneciera.

 

 

Pero no pasó nada y al fin Beltrán ofreció el rosado vaso a su acompañante, quien momentos antes había hecho cara de repugnancia ante la oferta de una vecina para que tomara “agua de la que nosotros tomamos”.

 

 

Desde el arribo de los funcionarios se notó el escaso ánimo de resolver, pues una vez más ofrecieron lo mismo ante la falta de agua para una comunidad de más de 500 habitantes.

 

 

Que si el pozo con arsénico, que si el permiso del Distrito de Riego, que si no sé cuántos pretextos más daban para justificar su inoperancia al echar a andar la planta potabilizadora mediante la cual se abastecerá a la comunidad de agua potable.

 

 

La actual, la que sale de las llaves, no lo es, les dijeron los vecinos, pues trae incluso un oscuro color y las pipas abastecedoras lo hacen cuando les da la gana y siempre tienen un pretexto para justificar su inconclusa labor.

 

 

“Es lo mismo que nos dijeron en la otra reunión”, afirmaron las mujeres que estaban al frente del grupo que cerró la carretera Esperanza-Hornos ante el incumplimiento de los de Oomapasc por entregarles agua potable oportunamente.

 

 

Lo que ellas deseaban era una solución, no argumentos de la fallida responsabilidad de las autoridades cajemenses por suministrar el líquido a quienes en febrero aproximadamente les anunciaron que el pozo del que tomaban agua estaba contaminado con arsénico.

 

 

Fue en ese momento en que una de las protestantes llegó con un garrafón con agua y se la brindó a Merino Díaz para que constatara que no era potable y sin embargo Oomapasc hace que cotidianamente los vecinos la utilicen en sus servicios domésticos.

 

 

La cara del Director Administrativo de la paramunicipal se desdibujó. O sea. ¿Cómo iba a tomar ese líquido si los vecinos aseguran que está contaminado?

 

 

Algo lo ató al suelo y no corrió, pero por ganas no quedó. Entonces, la vecina le ofreció el vaso de plástico color rosa a Beltrán, quien también dudó.

 

 

Una voz al oído, la de Melisa Sarmiento, le animó a tomar el agua. Y, lógico, después de engullirla, mostró su aprobación.

 

 

No sé si lo hizo convencido o para que vecinos y medios de comunicación presentes confirmaran la “calidad” del agua que se surte a los del Pueblito Kilómetro 9.

 

 

Pero mientras degustaba el agua, la actitud de sus compañeros era de incredulidad. O de temor de que con el líquido, azotara en el suelo. Nada pasó y todos comenzaron a probar el agua “potable”.

 

 

Entre risas, la señora que llevó el garrafón confió a los reporteros: “Era agua purificada, pero con sus caras demostraron que ni ellos confían en el agua que producen”.

 

 

Los chamaquearon, pues.

 

 

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