Álvaro Obregón y la agricultura

Entre sus múltiples trabajos y ocupaciones (obrero, agricultor, militar y político) si algo le apasionó a Álvaro Obregón fue la agricultura. Con sus inicios en la “Quinta Chilla” y después sus cultivos exitosos, principalmente de garbanzo, demostró su habilidad no sólo para la siembra sino también para la comercialización y exportación. Siempre estuvo vigente como agricultor y no fue obstáculo la distancia ni su alta responsabilidad como Presidente de la República.

 

 

Incluso, desde antes de asumir su alta investidura, en un discurso que pronunció en Guadalajara en la Cámara Agrícola Nacional Jalisciense el 18 de noviembre de 1919, expresó que creía firmemente que el desarrollo y el florecimiento de la agricultura eran la base de la reconstrucción nacional. Aseguró que la agricultura tenía que ser comercial y moderna, es decir, mediante el uso de sistemas de modernos equipos de investigación, producción y distribución.

 

 

Su proyecto económico fue la reconstrucción del país con la agricultura como su principal motor de transformación, convertida en el sueño de la modernización agrícola, ya que veía el fomento de esta actividad con carácter comercial y exportador como la alternativa del desarrollo de México.

 

 

Su mandato estuvo orientado a lograr el reconocimiento del gobierno estadounidense, solucionar el problema de la deuda externa y terminar con la pacificación del país para recuperar la confianza de los inversionistas, ya que para los norteamericanos la reciente aprobación de la Constitución de 1917, especialmente el artículo 27, representaba una amenaza para las propiedades agrícolas y petroleras de los extranjeros, puesto que vislumbraba la posibilidad de la expropiación o la nacionalización.

 

 

A la muerte de Carranza y el desconocimiento de Adolfo de la Huerta por parte de Estados Unidos sobrevino un enfriamiento de la relación entre los dos países que se mantuvo hasta el año de 1923 cuando se firmó el “Tratado de Bucareli” (Convención Especial de Reclamaciones) donde México se comprometía a pagar al contado toda expropiación agraria mayor de 1,755 hectáreas que afectara a ciudadanos norteamericano con lo que se hacía improbable la expropiación de grandes latifundios.

 

 

A pesar de todo, Obregón fue el Presidente que más tierras repartió hasta antes de Lázaro Cárdenas, aunque sus métodos algunas veces no hayan sido los más adecuados como lo narra el Constituyente sonorense Juan de Dios Bojórquez en sus memorias sobre Obregón: “…se le acercó el intendente de Palacio, Pancho Bay, también distinguido paisano suyo, para decirle que estaba su primo don José María Salido quien dice ‘que ya le quieren quitar más tierras de la Hacienda de Rosales, que en tal caso valía más que le quitaran todas de una vez’ (esto último lo agregó con ironía).

 

 

Al acordar con el Gral. Villarreal, Secretario de Agricultura, se trató el caso de Navojoa, cuyos ejidos estaban invadiendo la Hacienda de Rosales. El Secretario de Agricultura expuso: -Aquí tiene usted dos proyectos de resoluciones presidenciales. Uno por medio del cual se toma de Rosales mil hectáreas para ampliar los ejidos de Navojoa y otro por el que se toma toda la hacienda. Rápidamente y dirigiéndose al señor Bay, el general Obregón dijo: – Deme el segundo proyecto para firmarlo. Di a don José María que ya hicimos lo que pedía: acabamos de tomar toda la hacienda.”

 

 

Momentos después, comentaba el incidente con Bojórquez: “Después de muertos, por esto solamente se acordarán de nosotros. Las firmas que colocas en los títulos de tierra para los campesinos será lo único que sobrevivirá durante mucho tiempo de mi paso por la Presidencia de la República” (Juan de Dios Bojórquez, ‘El espíritu Revolucionario de Obregón’ en “General Álvaro Obregón, aspectos de su vida”, 1929).

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