Aguas tratadas y desperdiciadas

Entre 1993 y 1998, en Ciudad Obregón se construyeron dos plantas tratadoras de aguas residuales.

 

 

En su momento, como todo cambio, estas obras provocaron una controversia que puso a temblar a la empresa Solaqua, ganadora de la licitación, pero finalmente se impuso la razón ambiental y el proyecto salió.

 

 

La queja ciudadana en ese entonces consistió en el aumento a las tarifas del agua potable que provocarían las plantas, pues el organismo operador seguramente cargaría al usuario el costo de las obras, que en ese entonces fue de 76 millones de pesos. Y así sucedió.

 

 

Las plantas tienen una capacidad instalada, en la planta norte, de 850 litros por segundo y en la sur, 735. En conjunto, el volumen tratado anual asciende a 19 millones 234 mil 95 metros cúbicos.

 

 

Pero entonces se dijo que para ayudar a pagar las tratadoras, se vendería el líquido ya limpio a los agricultores para el riego de sus cultivos o bien que se utilizaría en los parques, camellones y jardines públicos de la ciudad.

 

 

Durante el gobierno de Javier Lamarque Cano se les entregó a los pequeños ganaderos el agua tratada, aunque no se sabe si pagaron o no por ella, pero el resto de los gobiernos municipales poco interés han puesto en ese tema.

 

 

Aunque Cajeme es de los pocos municipios con las aguas tratadas al 100%, resulta paradójico que el líquido ya limpio vuelva a irse a los drenes y se canalizan hacia la calle 600, desde donde parten hacia el mar y más allá se mezclan con el agua agrícola de varias zonas y vuelve a contaminarse con metales pesados y agroquímicos aplicados a través del riego en los campos agrícolas.

 

 

Entonces, todo el tratamiento realizado en Obregón se diluye porque a través de los drenes viajan no solamente los residuos de Cajeme sino el de otros municipios en los que el tema de la limpieza del agua no es una cultura.

 

 

De ahí la pregunta de los ciudadanos en el sentido de por qué seguir con el cobro del servicio de tratamiento del agua si al fin y al cabo Oomapas sigue tirando el líquido a los drenes y por consecuencia se vuelve a contaminar antes de llegar al mar.

 

 

¿Dará eso la razón a los que en su momento protestaron por lo inútil de estas obras?

 

 

Mientras el gobierno municipal no ponga interés en este tema, el pago por el tratamiento de agua, proveniente del bolsillo de los usuarios de Oomapas, será infructuoso.

 

 

De todos modos, tiene la paraestatal 18 meses sin pagar el costo de la concesión a Solaqua, empresa que amenaza con paralizar las plantas si no recibe su dinero pues ya la situación económica es insostenible.

 

 

¿Y lo que le cobran al usuario por ese concepto, dónde queda? ¿No que muy buenos administradores?

 

 

Y todavía faltan cuatro años para que la concesión concluya.

 

 

Caliente el sur
Pues bien, si algo faltaba para ponerle más calor al ya existente, la noche de este miércoles un despliegue de fuerzas policiacas y militares en el Cereso local causó zozobra entre la gente. Todos pensaban que algo grave ocurría, pero en realidad resultó que cinco reos se intoxicaron con un refresco y se pensó en trasladarlos al Hospital General, por lo cual debía reforzarse la vigilancia.

 

 

Pero no hubo necesidad de llevarlos a un nosocomio, según dicen las autoridades, y los muchachos fueron atendidos en las propias instalaciones.

 

 

Además, en colonias aledañas se escucharon las armas sonar y eso causó que la sociedad se incomodara aún más, toda vez que por las redes sociales los anuncios, correctos e incorrectos, se dispararon más rápidos que las metralletas.

 

 

En fin, el sur de Sonora está “caliente”. ¿Quién será el desenfriador que lo quiera desenfriar?

 

 

¿A poco Adolfo García Morales le va a entrar?

 

 

Comentarios a [email protected]

Dejar un Comentario