A SU SALUD… Sobre la educación a los jóvenes: liberación o domesticación

Por: Dr. Luis Alberto Villanueva Egan


Se anuncian lluvias los días por venir, pero esta mañana es soleada y despejada en la Universidad. Los muchachos y las muchachas portan playeras de diferentes colores que los distinguen por áreas, caminan por los andadores, suben y bajan los escalones del edificio, se reúnen, conversan, ríen estridentes, se despiden, otros más se encuentran, y algunos se agolpan frente a la puerta de los salones, esperando al profesor en turno. Al finalizar la clase algunos alumnos se acercan y charlamos, la conversación continúa por chat. Días después, el mismo tema será abordado con otros jóvenes universitarios que sin ser mis alumnos, me buscan por otros motivos académicos. Es octubre, se acaban de cumplir cincuenta años de Tlatelolco. Los jóvenes, como entonces, piden ser escuchados: “La imaginación al poder”, incluyendo a las relaciones de poder en el aula, amplío.

 

 

Lo que me cuentan es preocupante, por la magnitud del daño infligido el asunto es grave y oculto, por lo mismo, no atendido; algunos, los más afectados lo han normalizado, piensan que así debe ser, los han convencido que es por su bien, otros tienen miedo de hablar por las supuestas represalias. No lo entiendo, recuerdo haber vivido situaciones semejantes, no obstante, nunca he considerado normal la violencia en el aula. Profesores que humillan, ofenden, amenazan y se vanaglorian por sus números de reprobados mientras pasean orgullosos presumiendo las condecoraciones curriculares puestas sobre la guerrera del uniforme de gala, me hacen reflexionar en torno a “Full Metal Jacket” de Kubrick ¿A dónde queremos llevar a los jóvenes, a la depresión, a la despersonalización o al suicidio como al Pvt. Leonard “Gomer Pyle” Lawrence en el gran film de Stanley? El alumno vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se le pide, se le ha inculcado que si no alcanza el éxito es por culpa suya, sea porque es incapaz o porque es holgazán.

 

 

Al amparo de un sistema cerrado, como es el universitario, terminan desarrollándose normas implícitas y estructuras de poder informales en una atmósfera de impunidad en donde, bajo cualquier pretexto o justificación, apelando a valores como la disciplina, el esfuerzo, el dolor como digno de alabanza o el castigo bien intencionado, se generan abusos de poder, discriminación y atropellos a derechos fundamentales, más concretamente maltrato sicológico y falta de respeto a la dignidad de los alumnos. De este modo actitudes prepotentes y comportamientos violentos y destructivos de algunos profesores, contrarios a las corrientes pedagógicas actuales, se mantienen vigentes y son vistos con naturalidad, destruyendo lo que es mejor de la Universidad: el debate académico, la libertad de pensamiento, la creatividad y la solidaridad. Hay que acabar con la pedagogía tóxica y aplicar nuevas fórmulas para encender emociones en el aula y así despertar la curiosidad del estudiante y su deseo por aprender.

 

 

¿En qué momento reprobar estudiantes es motivo de grandeza? ¿Cuándo se estipuló que el objetivo de un buen profesor es intimidar? ¿Cuándo la calidad de un docente se mide en el número de jóvenes que han perdido la autoestima? Algo apesta y no soy yo. No puede ser que de egos inflamados con conductas de verdaderos sicópatas pueda depender la formación de los jóvenes, los que en lugar de ser tratados como hombres-sujeto, se les minimice al nivel de hombres-objeto, es decir de cosas, desechables por cierto, por los mismos que se jactan de ser “filtros”, dispositivos que retienen (en realidad se conducen más como retretes). Esa es su terrible concepción de la educación. Afortunadamente son pocos, pero el impacto es significativo, más por su capacidad para distorsionar la realidad y hacerse pasar como defensores de aquello que en la realidad más atacan: la dignidad, la libertad y la justicia. El narcisista es ciego para ver a los demás como personas aunque se vanaglorie de lo contrario. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han señala. “…vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente”. Así y de la mano de Paulo Freire, la opción está entre una “educación” para la “domesticación” alienada y una educación para la libertad que respete al alumno como persona.

 

 

La docencia es inspirar, orientar, apoyar, reflexionar y facilitar a los alumnos el desarrollo de las herramientas conceptuales y metodológicas para que puedan explorar a profundidad sus capacidades para discernir, para crear y recrear, para responder a los desafíos y para conocer y transformar la realidad, para imaginar mundos posibles. La Universidad es el lugar privilegiado para hacerlo. El objetivo terminal es lograr que los jóvenes vivan su vida personal y profesional no como espectadores sino como actores y autores. A los escépticos y a los cínicos, les contesto de la misma manera como hace medio siglo se escribía en los muros del 68 francés: “Seamos realistas exijamos lo imposible”.

Dejar un Comentario