A SU SALUD… Globalización, neoliberalismo y salud

A SU SALUD… Globalización, neoliberalismo y salud

Por: Dr. Luis Alberto Villanueva Egan

Durante el periodo comprendido entre las décadas de los cincuenta y setenta del siglo XX, surge, en el contexto del auge de las social-democracias europeas, el llamado Estado de Bienestar, caracterizado por una mayor regulación estatal del mercado con reservación de determinadas actividades a empresas públicas y ordenamientos del mercado, sobre todo en la agricultura, acompañada de una mayor inversión en el gasto social: fomento de la construcción de vivienda de interés social, seguridad social, sistema de pensiones a jubilados, servicios públicos de salud, educación gratuita, intervenciones en el mercado de parte de las organizaciones sindicales y del movimiento cooperativo, y servicios públicos, actividades culturales y recreativas subvencionadas por el Estado.

 

 

La guerra contra el Estado de Bienestar se hizo franca y abierta a partir de la década de los ochenta. El nuevo sistema, el neoliberalismo, se expandió rápidamente a escala global. Donde se gestó resistencia, el nuevo modelo económico se impuso a través de la instalación de dictaduras militares o de partido. Fueron poderosas entidades financieras, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, las que terminaron por imponer los ajustes estructurales. Se redujo estrepitosamente el poder adquisitivo de las clases populares, se incrementó la tasa de desempleo, apareció el precario trabajo subrogado (outsourcing), aumentó el trabajo informal y se perdió la estabilidad laboral y la seguridad social.

 

 

En este modelo se disuelve la fábrica como lugar de producción completa y se le sustituye por un complejo de procesos de producción distribuidos por todo el mundo con una mano de obra precaria. No hay obstáculos para que los poderes públicos sean subordinados a las leyes que imponen estas empresas globales. Esto lleva a la apertura de los mercados financieros y los mercados de bienes, a la privatización de las funciones económicas y sociales del Estado. Pero la privatización no la hacen los sectores privados, la hacen los Estados. Son los Estados los que deciden someterse a esta lógica de las burocracias privadas de la empresa mundial y transformarse en apéndice de su voluntad.

 

 

Las sociedades humanas y los derechos humanos se encuentran sometidos a la lógica de las empresas mundiales, principales beneficiarias de la globalización, en nombre de la técnica, la eficiencia y la competitividad, que se erigen en las instancias de juicio sobre todos los valores humanos. Bajo el proceso de globalización, el crecimiento económico asume el status de un fin en sí mismo y los objetivos sociales de construcción de mejores condiciones de vida, de niveles de vida más altos y de mejor calidad fueron desplazados. La pobreza y la desigualdad creciente no se ven como un fracaso social resultado de un modelo económico inhumano, sino como fallas individuales: “es pobre el que quiere y que cada quien se las arregle por su cuenta”.

 

 

Ejemplos de riesgos globales auspiciados por el neoliberalismo son el calentamiento global, la desestabilización especulativa de los mercados financieros, los daños potenciales a la salud pública originados en procesos agroalimentarios industriales insuficientemente garantizados: adulteraciones, fallos técnicos, modificaciones genéticas, los impactos negativos en salud de los alimentos procesados; así como por el papel determinante de una poderosa industria farmacéutica que participa en la medicalización de la vida cotidiana y en la distribución desigual de bienes para la salud a nivel mundial. Hay otros riesgos globales igualmente relevantes, como la desaparición de las culturas indígenas, el incremento de la desigualdad social y económica a escala planetaria o la desestructuración de las economías de los países más pobres.

 

 

En la salud pública el globalismo neoliberal ha provocado un cambio en el perfil epidemiológico, con una presencia cada vez mayor de enfermedades no transmisibles como obesidad, diabetes, hipertensión arterial, enfermedad cardíaca isquémica, enfermedad cerebrovasculares, diversos tipos de cáncer, coexistiendo con enfermedades infecciosas agudas, algunas de ellas con una alta contagiosidad y letalidad. Además, se cuentan los problemas de salud derivados de la movilidad de grandes núcleos poblacionales que se ven forzados a migrar. Los sistemas de salud pública cada vez más se ven rebasados por una población creciente y altamente demandante, las escenas de escasez de recursos en los establecimientos públicos de salud cada vez son más frecuentes y dramáticas. El esquema de subrogación de servicios integrales o renta de equipamiento forma parte de los esquemas actuales de la gestión hospitalaria, la contratación de personal de salud en forma flexible y precaria, también.

 

 

¿Cuáles son los proyectos? ¿Cuáles son las alternativas? Es urgente construir juntos las respuestas antes de sea demasiado tarde, la vida en el planeta está de por medio.

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