A SU SALUD… Carta a un estudiante de medicina (homenaje a Albert Camus)

A SU SALUD… Carta a un estudiante de medicina (homenaje a Albert Camus)

Por: Dr. Luis Alberto Villanueva Egan

De Sísifo, el prisionero de los dioses, existen varias versiones sobre los motivos de su castigo. Hay quien lo acusa de bribón, de haber encadenado a la muerte, de haber procurado agua a los hombres o de seguir disfrutando de la vida desobedeciendo la orden de descender con los muertos. De cualquier forma, fue llevado a la fuerza a la oscuridad donde ya estaba preparada su roca, enorme, lista para hacerla rodar cuesta arriba de una alta montaña. Al final del esfuerzo, con la piedra en la cima, Sísifo ve como la roca desciende hacia ese mundo inferior desde el que tendrá que subirla de nuevo y así una y otra vez por la eternidad.

 

 

Albert Camus, el gran escritor argelino-francés, se imagina a Sísifo cansado y pensativo, haciendo consciente su destino, haciendo suya a la roca, le pertenece tanto como su vida misma, es libre y, por lo tanto, responsable de sus actos, no se excusa en justificaciones, no pide clemencia, desafía a los dioses. Dice Camus: “Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas…el esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”.

 

 

De la misma manera, para hacerse médico se han de pasar múltiples pruebas. El camino es largo y anfractuoso, todos los días subirás a la cima y verás descender tu roca; habrá tiempos en los que el corazón se inunde en la tristeza y la angustia se sienta demasiado pesada para poder sobrellevarla. La tarea es ardua, fatigosa, invencible, pero en la consciencia del deber y en lo que se hace todos los días por cumplirlo, se consuma al mismo tiempo la victoria. Cierto, nuestras victorias siempre serán provisionales, pero esa no es una razón para dejar de luchar.

 

 

Para el doctor Rieux, personaje principal de La Peste de Camus, el único medio para luchar contra el mal representado por la enfermedad, es la honestidad en los pequeños esfuerzos cotidianos sin la pretensión de heroísmo y de honores:

 

 

“-(…) no se trata de heroísmo. Se trata solamente de honestidad. Es una idea que puede que le haga reír, pero el único medio de luchar con la peste es la honestidad.

 

 

-¿Qué es la honestidad?-dijo Rambert, poniéndose serio de pronto.

 

 

-No sé qué es, en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que hacer mi oficio.”

 

 

Además de honesto deberás ser explícito en el respeto por todas las personas que recurran a ti, debes aprender que no se trabaja con un cuerpo doliente sino con personas que sufren, celebran, anhelan, ríen, lloran, creen y confían; con personas que pertenecen a familias, que tienen amigos, que son importantes. No son una colección de órganos enfermos, son personas iguales a ti.

 

 

Recuerda que la medicina no es neutra, con la pretendida frialdad y objetividad que se atribuye a la ciencia, los médicos debemos tomar partido. Camus hace una declaración sobre la importancia de la empatía en el médico cuando, acerca del doctor Rieux, nos dice lo siguiente: “(…) tomó deliberadamente el partido de la víctima (…) no había uno solo de sus sufrimientos que no fuera al mismo tiempo el de los otros.”

 

 

Joven estudiante de medicina, ten cuidado, el camino está sembrado con trampas. Cuando se empieza a estudiar la cabeza está llena de ideales: aliviar el sufrimiento, ayudar a los pobres y hacer el bien a la sociedad. Lamentablemente, no pocos, al paso del tiempo, se dejan guiar por el oropel, la superficialidad, la arrogancia y el engaño. En ellos, como en los que en el servicio público maltratan a los pacientes y evaden el trabajo, el otrora joven rebelde ha muerto, sus ojos han perdido luz, su actuar es rígido y torpe, son un ladrillo más en la pared y una piedra en el camino.

 

 

No dejes que mueran tus sueños. Siempre conserva un lugar para el conocimiento, la generosidad, la humildad, la solidaridad, la honestidad, la bondad y el respeto a la dignidad de todo aquel que solicite tu actuación, principalmente aquellos que se encuentren en una situación de mayor vulnerabilidad.

 

 

Concluyo esta humilde y cariñosa carta que te he escrito, de la mano de Camus: “El doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que callan, para testimoniar a favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

@DR_OBGIN

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