El fomento a la lectura… Una batalla constante

El fomento a la lectura… Una batalla constante

Por: Jesús Carvajal Moncada

Las presentaciones de libros, entrevistas y discusiones con escritores, premios, libros en oferta, cafés literarios, son entre otras, algunas de las principales estrategias que suelen utilizarse para el fomento a la lectura en México. Al respecto se comenta en medios que el promedio de libros leídos en el país es de 3.5 por habitante, aunque esta estadística se debe estar actualizando con frecuencia e informar acerca de la forma de obtener este resultado. De cualquier forma, a través de sondeos informales es posible darse cuenta de un bajo índice efectivamente en el hábito de lectura de la sociedad. Incluso, los mismos estudiantes universitarios, que deberían tener mayor contacto con los libros, principalmente en carreras del campo de las ciencias sociales, manifiestan por lo general un rechazo a leer más de lo estrictamente necesario.
Ante esta situación, se identifica a la televisión, los dispositivos digitales y el video juego principalmente, como elementos que contribuyen a mantener e incrementar el fenómeno de la falta de lectura de los mexicanos. Es un hecho que todo lo anterior puede convertirse en un poderoso distractor de la acción de leer, hablando de libros en físico. Pero hay otros factores también, como el hecho de que en la dinámica social actual es posible desempeñarse sin ser un lector asiduo.
Durante la feria del libro infantil y juvenil de la Ciudad de México, Clara BudnickSinay, de Chile, comentaba sobre la importancia de no forzar a los niños a leer, que se puede vivir feliz en la vida sin la lectura. En una realidad que muchas personas que llegan a ser presidentes de la república han leído muy poco en su vida. Budnick propone trabajar con padres y maestros para que ellos se conviertan en lectores y los niños sigan el ejemplo.
Esto último, es otra de las estrategias a seguir, el ser un ejemplo para los menores. Y como en todo lo demás, funciona en una parte de los casos. No existen fórmulas que puedan afirmar incrementan los hábitos lectores significativamente. Mediante experiencias personales he podido constatar que ser un lector desde la infancia lleva a serlo en otras etapas de la vida, aunque tampoco es posible generalizar. Se requieren estudios más profundos sobre segmentos y condiciones de la población para tener una idea más clara de los hábitos lectores.
Unos de los aspectos importantes en la situación de la lectura en el país es el que se refiere a lo comentado por Clara Budnick sobre el hecho de que es posible pasar toda una vida sin ser lector. La sociedad actual pone las condiciones para que esto sea posible al utilizar la lectura sólo para lo estrictamente necesario, incluso hasta la posibilidad de cursar carreras universitarias mediante pobres hábitos lectores en ciertos casos. No obstante, la lectura provee conocimientos, y sobre todo, herramientas para analizar la realidad con mayor precisión. Dependiendo del tipo de libros por supuesto, pero de cualquier forma están comprobados los efectos positivos que trae el acto de leer, ya que es en realidad un ejercicio intelectual. Cuando se comprenda, asimile y asuma que la lectura es un factor importante, no para ofrecer la gran solución a los problemas de la sociedad, pero sí para contribuir a su desarrollo, y que debemos trabajar en esto constantemente, entonces crecerán los índices en los hábitos lectores, si bien para esto no existe tampoco una estrategia plenamente segura, sino un trabajo de acuerdo a grupos y edades.
Las ferias del libro en el país, incluidas las que hemos tenido en Obregón, muestran una afluencia de visitantes muy aceptable. Sí hay respuesta de la población y podría pensarse que el promedio de libros leídos en México es mayor de lo que aparece comúnmente en los medios. No obstante se trata de una parte de la ciudadanía, mínima en comparación con la totalidad de habitantes. En el mes donde se recuerda el valor del libro y a genios como Shakespeare y Cervantes, aparte de recomendar su lectura, es momento propicio para evaluar estrategias de fomento al acto de leer y replantearlas, de ser necesario.

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