Cajeme de mis recuerdos… La creciente del 48

Cajeme de mis recuerdos… La creciente del 48

Por: Rogelio Arenas Castro

En la década de los cuarenta, aquellos líderes que habían empezado su carrera en el Valle del Yaqui y en la ciudad, buscaron posiciones políticas para seguir “ayudando” a las masas que tanto los necesitaban. El objeto era diputaciones, presidencias municipales, regidurías, etc.
Padilla, Contreras, el “Negro” García y otros, eran los hombres fuertes en la política regional.
El Partido Popular estaba en su apogeo y la raza campesina creía que entre ellos y el obrerismo adherido a la CTM impondrían su ley en los destinos del Valle del Yaqui y de la ciudad.
En 1949 se demuestra lo contrario, pues en esas elecciones por los poderes municipales, a base de machincuepas muy usuales por el aparato político en el poder, son derrotados los “pepinos” y desaparecen del tinglado para siempre.
Son de anotarse tambi{en en esa década dos fenómenos naturales imponentes. El primero en 1946 fue visible una lluvia de estrellas que, creo, no ha habido otra igual en la región, y segundo, lo que se ha dado en llamar la “creciente del 48”. Ocurrió debido a una lluvia pertinaz conocida como “equipatas” que inició en noviembre de 1948 y siguió hasta enero de 1949, lloviendo casi a diario y fue inundando poco a poco el Plano Oriente rumbo a las vías del ferrocarril en donde el agua llegó a tener poco más de un metro de altura desde la calle Obregón hacia el bordo de las vías del tren.
Sobre esto nos daría más detalles veraces un viejo vecino de Cajeme; don Gastón Bringas, quién sufrió en carne propia las inclemencias del temporal. Entrando la década de los cincuenta, el Valle empieza -dentro del ejido- a decaer; la apatía del ejidatario, el rentismo y el “coyotaje” imperante provocan estragos entre muchos peones que habían tenido una fortuna en sus manos.
Poco a poco fueron siendo ocupadas de nuevo las tierras por aquellos inversionistas que simepre las habían poseído en Cajeme, éste ya con un crecimiento demográfico impresionante. Se notaba la fuerza del comercio, en particular de ropa y abarrotes que recibían los beneficios del trabajo desarrollado principalmente por la peonada, que todavía, aunque fuera en su parcela rentada, tenía trabajo y poder adquisitivo.
Para muchas personas, Cajeme seguía siendo un emporío, pero ahora para los comerciantes del centro. Era, pues, el pueblo quien amas{andole fortuna a los inversionistas, porque ni modo que los propietarios de los grandes predios agrícolas compraran aquí tusores, cretonas, yompas, makinoffs, etc. Ellos consumían hasta lo más elemental en los “Tucsones” y allá en Estados Unidos eran depositadas sus fabulosas ganancias.
En el Valle continuaban los problemas, lastre de las luchas del reparto agrario, de la separación del los ejidos, etc.
En el panteón de Pueblo Yaqui, entrando esa década de los cincuenta fue asesinado un líder; Jorge Gálvez. Poco más adelante, el 26 de noviembre de 1953, en una noche que parecía a propósito para esos fines, fue asesinado arteramente otro líder, que al decir de muchos, fue uno de los más honestos y preocupados por ayudar a los campesinos.
Esa noche de oscura neblina, cayó abatido Maximiliano R. López “el Machi”, quien precisamente y ahora que Cajeme cumple su 75 aniversario, sigue olvidado por los sistemas que nos rigen políticamente. En esa década recién empezaba sacuden a la población los asesinatos de algunos indígenas mayos en Bacapaco, por unos afeminados también de la etnia, que luego fueron conocidos como “los Huipas”.
Las lluvias torrenciales de 1955 causaron estragos en el Valle, con las consabidas pérdidas para agricultores, comerciantes y la chusma o peonada, pues el cultivo principal de ese verano, el algodón, proporcionaba empleo entonces a miles de pizcadores de aqui y de otras regiones del país.
También durante esa década conmueve a nuestra región el fusilamiento en 1957 -por cierto el último ejecutado, hasta nuestros días- de dos violadores: el soldado Rosario Don Juan Zamarripa y Francisco Ruiz Corrales.
Debido a problemas internos en el Partido Revolucionario Institucional, se lanza como candidato a la presidencia municipal Rafael Contreras Monteón, apoyado por el Partido Democrático de Cajeme. Este partido era de reciente creación, y fue el escenario, en sus propias oficinas, algunas veces, de la prepotencia de las autoridades en turno.
El 6 de julio de 1958, día de las elecciones, se forma una gran sarracina que concluye con la muerte de Pascual Acuña, vecino de Plano Oriente, lo cual ocasiona la anulaci{on de las elecciones y la formación de un consejo municipal que preside Encarnación Chávez. Con esto se da también la muerte política de Contreras, quien aunque participó en los sesenta en la aventura política del general Ricardo Topete, comprobó una vez más que era como “ponerse con Sansón a las patadas”, es decir que intentar ganarle al PRI estaba “muy pelón”.
Esa década se caracterizó por la fuerza del grupo político en el poder, mientras el Valle se desmoronaba económicamente, ya eran inocultables las enormes cantidades de terrenos que tenían unos cuantos a través del rentismo, los patrimonios familiares, simuladores, prestanombres, etc., que dieron pábulo al descontento y otra vez a lo mismo: nuevos grupos solicitantes de tierra que deseaban que el Valle tuviera dos pisos, como algunos decían.

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