“Comimos la carne y empezamos a temblar…”

“Comimos la carne y empezamos a temblar…”

Beatriz Pereyra
PROCESO.-
La señora Sara Agustín tenía 50 años cuando se intoxicó por comer tres bisteces, unos 300 gramos de carne contaminados con clembuterol. Compró un kilo y medio en la carnicería La Guadalupana, en Tlahuelilpan, Hidalgo, que preparó con nopales en un anafre en el patio de su casa. También comieron sus hijos y sus nietos.

 

 

Un par de horas después se sintió mal. Pensó que era la diabetes atacándola –temblaba, tenía dolor de cabeza, sentía que el corazón se le escapaba del pecho– hasta que los demás miembros de su familia, uno tras otro, iban sufriendo los mismos síntomas.

 

 

Ese 10 de mayo de 2013 en Tlahuelilpan 56 personas buscaron ayuda en el Centro de Salud y en un consultorio privado. En ese año hubo 94 intoxicados en todo el país, entre ellos los nietos de la señora Agustín.

 

 

El manual que debieron seguir los médicos para consignar estos casos indica que tuvieron que tomar muestras para corroborar la presencia y la cantidad de clembuterol en el organismo, lo que no ocurrió. El Sector Salud no cuenta con reportes que indiquen la dosis del anabólico que tuvieron los afectados.

 

 

Ese fue el último año en que la Secretaría de Salud (Ssa) incluyó a la intoxicación por clembuterol entre los padecimientos que la red de clínicas y hospitales debía reportar vía el Sistema Único de Información para la Vigilancia Epidemiológica (SUIVE).

 

 

Según documentos de la Ssa, los funcionarios resolvieron que “la magnitud y trascendencia disminuyó” y dejaron de contabilizarlos. La tasa de intoxicados ese año fue de 0.08 por cada 100 mil habitantes.

 

 

Entre 2011 y 2013 hubo 346 casos en 15 estados del país (en la región centro, Bajío, occidente y sur). Aunque la mayoría tenía entre 25 y 44 años, llegaron reportes de 13 niños que tenían entre uno y 4 años; en 27 reportes más, los pacientes tenían entre 5 y 9 años. María Salud Rubio, directora del Laboratorio de Ciencia de la Carne de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, considera que “a la larga (el consumo de clembuterol) quién sabe lo que nos dañe o lo que nos va a hacer. Eso no lo sabe nadie. Ni los de la Cofepris ni los del Senasica ni ninguna autoridad sanitaria. Ni nosotros, como investigadores, porque no hay un estudio a lo largo del tiempo para que sepamos los efectos de eso”.

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