Cabezón  degollado (Pachyramphusaglaiae)

Cabezón degollado (Pachyramphusaglaiae)

Profr. Juan Vidal Castillo
De la familia anambés, titiras y aves relacionadas, hoy hablaremos de un ave tropical que apenas llega al norte de la frontera mexicana en verano. En nuestra área, se le suele ver sólo en unos pocos arroyos, tal es el caso del arroyo Cuchujaqui, en el Municipio de Álamos. En la Unión Americana, específicamente en el sur de Arizona. También se le encuentra en el sur de Texas, en especial en invierno. Tranquilo y discreto, es fácil pasarlo por alto cuando se posa en posiciones elevadas en árboles frondosos para salir volando de vez en cuando y capturar insectos en el follaje. Su nido, grande y con forma de pelota de futbol, se balancea en el extremo de ramas colgantes y suele ser el primer indicio de la presencia de esta ave.

 

 

ESTADO DE CONSERVACIÓN
La población de esta avecilla puede haber registrado un pequeño aumento desde la década de 1950; si bien todavía es una especie muy escasa y local, es una especie ampliamente expandida y común en México y América Central.

 

 

HÁBITAT
Entre los sitios donde vive hay cañones boscosos, arboledas ribereñas y sicómoros. En Arizona suele habitar en arroyos a una altura media, en especial en arboledas de sicómoros y álamos. En ocasiones se lo encuentra en arboledas puras de álamos con sotobosque de mezquites. En Texas, por lo general habita en bosques nativos cerca del Río Grande. En México y América Central está ampliamente expandido en bosques secos, cañones y, a nivel local, en bosques de montaña desde luego que se le puede ver en la Reserva Ecológica Sierra de Álamos Río Cuchujaqui, también conocida por los científicos como El Tesoro De La Sierra Madre Occidental.

 

 

MIGRACIÓN
En Sonora y Arizona, por lo general, llega en mayo y se retira en septiembre. Es probable que sea un residente permanente en la mayor parte de su zona de distribución; puede deambular hacia el sur de Texas en cualquier estación.

 

 

COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO
En general busca su alimento observando desde un posadero para luego realizar vuelos cortos con el fin de capturar insectos. Después vuelve al posadero para devorar a su presa. Captura la mayor parte de los insectos en el follaje mientras se cierne momentáneamente; también atrapa algunas presas en el aire. Se alimenta sobre todo buscando presas entre las copas de los árboles altos.

 

 

DIETA
Incluye insectos y bayas. Su alimentación no se conoce bien. En el verano de Estados Unidos, es probable que los insectos sean su alimento principal. También es conocido por alimentarse de pequeños frutos y bayas, tal vez con más frecuencia en el sur de su zona de distribución.

 

 

HUEVOS
Pone entre cuatro y seis, de color blancuzco a beidge, con muchas manchas marrones. Es probable que la hembra se ocupe de incubar las crías; se desconoce el período de incubación.

 

 

NIDIFICACIÓN
El macho defiende el territorio de nidificación cantando. Tiene un fino y rítmico “canto de madrugada”, que sólo suele escucharse antes de la salida del sol. Nido: con frecuencia se encuentra suspendido en el extremo de ramas largas colgantes, debajo de la copa de árboles frondosos y altos (sicomoros o álamos en Arizona), a una altura de hasta 15 metros sobre el nivel del suelo. El nido (construido principalmente por la hembra, con un poco de ayuda del macho) es una esfera de vegetación de gran tamaño con una entrada en un costado. Se construye con corteza, hierbas, ramas pequeñas, enredaderas, telarañas y otros materiales. Puede agregar más material aún después de que la incubación haya comenzado.

 

 

CRÍA
Ambos padres llevan alimento a las crías. Las crías abandonan el nido tres o cuatro semanas luego de la eclosión.

 

 

EL CUENTO DEL PÁJARO DEL ALMA
Mijal Snunit (1993) Fondo de Cultura Económica
Hondo, muy hondo, dentro del cuerpo habita el alma. Nadie la ha visto nunca, pero todos saben que existe. Y no sólo saben que existe, sino también lo que hay en su interior. Dentro del alma, en su centro, está, de pie sobre una sola pata, un pájaro: El Pájaro del Alma. Él siente todo lo que nosotros sentimos.

 

 

Cuando alguien nos hiere, el Pájaro del Alma vaga por nuestro cuerpo, por aquí, por allá, en cualquier dirección, aquejado de fuertes dolores.

 

 

Cuando alguien nos quiere, el Pájaro del Alma salta, dando pequeños y alegres brincos, yendo y viniendo, adelante y atrás.

 

 

Cuando alguien nos llama por nuestro nombre, el Pájaro del Alma presta atención a la voz, para averiguar qué clase de llamada es esa.

 

 

Cuando alguien se enoja con nosotros, el Pájaro del Alma se encierra en sí mismo silencioso y triste.

 

 

Y cuando alguien nos abraza, el Pájaro del Alma, que habita hondo, muy hondo, dentro del cuerpo, crece, crece, hasta que llena casi todo nuestro interior. A tal punto le hace bien el abrazo.

 

 

Dentro del cuerpo, hondo, muy hondo, habita el alma. Nadie la ha visto nunca, pero todos saben que existe.

 

 

Hasta ahora no ha nacido hombre sin alma. Porque el alma se introduce en nosotros cuando nacemos, y no nos abandona ni siquiera una vez mientras vivimos. Como el aire que el hombre respira desde su nacimiento hasta su muerte. Seguramente quieres saber de qué está hecho el Pájaro del Alma. ¡Ah! Es muy sencillo: está hecho de cajones y cajones; pero estos cajones no se pueden abrir así nada más.

 

 

Cada uno está cerrado por una llave muy especial. Y es el Pájaro del Alma el único que puede abrir sus cajones. ¿Cómo? También esto es muy sencillo: Con su otra pata.

 

 

El Pájaro del Alma está de pie sobre una sola pata; con la otra –doblada bajo el vientre a la hora del descanso– gira la llave, moviendo la manija y todo lo que hay dentro se esparce por el cuerpo. Y como todo lo que sentimos tiene su propio cajón, el Pájaro del Alma tiene muchísimos cajones.

 

 

Un cajón para la alegría y un cajón para la tristeza; un cajón para la envidia y un cajón para la esperanza, un cajón para la decepción y un cajón para la desesperación, y un cajón para la paciencia y un cajón para la impaciencia.

 

 

También hay un cajón para el odio, y otro para el enojo y otro para los mimos. Un cajón para la pereza y un cajón para nuestro vacío, y un cajón para los secretos más ocultos (éste es un cajón que casi nunca abrimos).
Y hay más cajones. También tú puedes añadir todos los que quieras.

 

 

A veces el hombre puede elegir y señalar al pájaro qué llaves girar y qué cajones abrir.

 

 

Y a veces es el pájaro quien decide. Por ejemplo: el hombre quiere callar y ordena al pájaro abrir el cajón del silencio; pero el pájaro, por su cuenta, abre el cajón de la voz y el hombre habla y habla y habla.

 

 

Otro ejemplo: El hombre desea escuchar tranquilamente, pero el pájaro abre, en cambio, el cajón de la impaciencia; y el hombre se impacienta.

 

 

Y sucede que el hombre sin desearlo siente celos; y sucede que quiere ayudar y es entonces cuando estorba. Porque el Pájaro del Alma no es siempre un pájaro obediente y a veces causa penas…

 

 

De todo esto podemos entender que cada hombre es diferente por el Pájaro del Alma que lleva dentro.

 

 

Un pájaro abre cada mañana el cajón de la alegría; la alegría se desparrama por el cuerpo y el hombre está dichoso.

 

 

Otro pájaro abre, en cambio, el cajón del enojo; el enojo se derrama y se apodera de todo su ser. Y mientras el pájaro no cierra el cajón, el hombre continúa enojado. Un pájaro que se siente mal, abre cajones desagradables; un pájaro que se siente bien, elige cajones agradables. Y lo que es más importante: hay que escuchar atentamente al pájaro.

 

 

Porque sucede que el Pájaro del Alma nos llama y nosotros no lo oímos.

 

 

¡Qué lástima!
Él quiere hablarnos de nosotros mismos, quiere platicarnos de los sentimientos que encierra en sus cajones.

 

 

Hay quien lo escucha a menudo. Hay quien rara vez lo escucha. Y quién lo escucha sólo una vez.

 

 

Por eso es conveniente, ya tarde en la noche, cuando todo está en silencio, escuchar al Pájaro del Alma que habita en nuestro interior, hondo, muy hondo, dentro del cuerpo.
¡Les deseo un bendecido día!

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