Yaquis de Obregón… Deporte y socialización

Yaquis de Obregón… Deporte y socialización

Por: Jesús Carvajal Moncada

En casi sesenta años de contar con una liga de beisbol profesional, en la que se considera como la etapa moderna, Ciudad Obregón ha desarrollado y sostenido una gran afición a este deporte. A través de estos años, nuevos seguidores de los Yaquis de Obregón se han unido a los ya habituales, en lo que se presenta como una transmisión de patrones culturales entre generaciones. Es evidente que gente de diversas edades, desde la niñez temprana hasta la adultez mayor conviven cada temporada en el estadio.
Como suele suceder en el mundo deportivo, llega el momento en el cual los equipos consideran que su actual escenario es insuficiente, inoperante u obsoleto para las actividades destinadas, o bien por la posibilidad de contar con mayores entradas al inmueble, a la vez de que determinadas zonas de la ciudad representan puntos atractivos para la inversión. Incluso, en este tipo de decisiones podrían basarse en la idea de que es algo ganado, un merecimiento para el equipo y sus aficionados.
Por todo esto, o algunas razones más, en la localidad se cuenta desde hace dos temporadas con un nuevo estadio, moderno, amplio y funcional, no necesariamente accesible para determinados sectores de la ciudad, pero al fin con un proyecto realizado. Al igual que en el Tomás Oroz Gaytán, todavía en muy buenas condiciones hasta su último partido oficial por cierto, el nuevo parque es una espacio para algo más que el mero interés por un juego de beisbol. Se trata también de un lugar para la socialización, para las ya famosas selfies, y dar a conocer en redes sociales su ubicación.
También es posible observar un manejo de estatus, en casos donde se ocupa una localidad cara, además por supuesto de las grandes cantidades de consumo de bebidas alcohólicas con el pretexto de que de esta forma se disfrutan más las acciones del terreno de juego. Todo esto no es sorprendente en absoluto si se considera que espacios como estos reproducen fenómenos sociales. Lo importante en este caso es que para una parte de los espectadores el juego tiene una atención secundaria, lo cual contrasta con quienes gustan de analizar cada jugada.
Sin embargo, y pese a lo anterior, las construcciones espectaculares no garantizan temporadas similares, y el equipo ha estado lejos de mostrar la competitividad que lo llevara a un tricampeonato en años recientes. Puede ser cierto que el béisbol no es la actividad prioritaria en el municipio, pero sí es un evento de masas, de menos de tres meses de temporada regular, que es esperado con interés y vende expectativas al público. No se espera que todas las temporadas sean ganadoras, pero sí el observar un trabajo consistente a nivel directivo que vaya colocando las bases para logros mayores en un futuro cercano.
El hecho de que Cajeme sea un municipio beisbolero podría molestar a quienes piensan que hay un interés exagerado de la población en este deporte y no en otras manifestaciones culturales, artísticas principalmente, aunque esto no es exactamente así, ya que se da una identificación también con eventos como el festival Tetabiakte y el festival Alfonso Ortiz Tirado, entre otros. De cualquier forma, si un fenómeno se vuelve tradicional es debido a la calidad del mismo y a que cumple expectativas de la población. Y éstos son aspectos para seguirse tomando en cuenta.

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