Historia… Para Fernán Gustavo

Por: Dulce María González

Me gusta cerrar los ojos, imaginar historias. Como esa de la camioneta amarilla que llega tan temprano. Dogy apenas bosteza y ya estoy muy desayunada, esperando detrás de la puerta. Al subir me acomodo en el rincón de siempre, cerca de don Goyo. Me gusta contarle cosas mientras recorremos las calles del centro. Después me quedo callada, observando todo desde mi ventanilla, desde el país de Nunca Jamás que llevo en la mochila.
Al dar vuelta en Venustiano me acuerdo de ti, porque falta muy poco para llegar a tu casa y verte salir con tus pantalones a cuadros y ese pelo cortito que hace cosquillas al frotarlo. Entonces me olvido de la ciudad y me pongo a contar los postes de luz, balanceando las piernas, imaginando tu cara. Cuando por fin llegamos, el coraz{on se me convierte en caballo. Suelto la mochila por el sudor en las manos y el miedo de que se te ocurra sentarte a mi lado. Casi siempre bajo la vista y me escondo en los zapatos.
Durante la mañana me dedico al espionaje. Soy agente de Dick Tracy, amiga de Despistado -el gato detective que sale en la tele. Aprovechando cualquier descuido me le escapo a la señorita Lucy para asomarme a tu salón y ver cómo haces las planas, con tus dedos gorditos y tu cara de señor enojado.
Me gusta imaginar que vives en otra casa, que te llamas Juan o Javier, que no subes conmigo a la camioneta amarilla que llega por nosotros tan temprano.

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